El 23 de diciembre de 2001, en medio de una Argentina sumida en el caos político, social y económico, Adolfo Rodríguez Saá asumió la Presidencia de la Nación en un contexto de emergencia absoluta.
El país aún estaba sacudido por las jornadas del 19 y 20 de diciembre, que habían dejado decenas de muertos, una crisis institucional sin precedentes y la renuncia de Fernando de la Rúa.
Con el país sin presidente, sin rumbo claro y con una profunda desconfianza social hacia toda la dirigencia política, la Asamblea Legislativa se reunió para designar a un mandatario que pudiera, al menos, contener la crisis y encauzar una transición. La elección de Rodríguez Saá respondió más a la urgencia que a un consenso sólido, en un escenario donde el peronismo —mayoritario en el Congreso— buscaba evitar el vacío total de poder.
Rodríguez Saá llegó a la Casa Rosada con un discurso que intentó dar señales de ruptura con el pasado inmediato, prometiendo medidas de alto impacto en un país exhausto. Sin embargo, su gobierno nació débil: sin respaldo político homogéneo, con tensiones internas dentro del peronismo y con una sociedad movilizada que desconfiaba de cualquier anuncio oficial.
Desde el primer día, quedó claro que su margen de acción era extremadamente reducido. Apenas una semana después de asumir, y tras una serie de gestos políticos fallidos y decisiones que no lograron calmar la crisis, Rodríguez Saá presentó su renuncia.
Se dispondrá de la inmediata venta de la totalidad del parque automotor público del Poder Ejecutivo Nacional, y de todos los entes autárquicos y descentralizados. Y en la emergencia gravísima que vive el país también pondremos en venta el parque aeronáutico de la Presidencia de la Nación. Invitamos a las provincias y municipios a adherirse a todas estas disposiciones.
Los Ministerios de Educación de Salud y Acción Social serán reemplazados por áreas de coordinación en estrecha vinculación con las jurisdicciones provinciales. El Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Salud serán fusionados.
Vamos a hablar de la deuda externa. En primer lugar, anuncio que el Estado argentino suspenderá el pago de la deuda externa. Esto no significa el repudio de la deuda externa. Esto no significa una actitud fundamentalista. Muy por el contrario se trata del primer acto de gobierno que tiene carácter racional para darle al tema de la deuda externa el tratamiento correcto.