El oro atraviesa uno de los momentos más intensos de su historia reciente. En las últimas horas, el contrato de oro para febrero en el mercado COMEX alcanzó un nuevo máximo histórico de US$ 4.452,85 por onza, mientras que la plata también rompió récords y llegó a USD 69,51 por onza. Al cierre de esta nota, el oro operaba en torno a los USD 4.443, con una suba diaria del 1,3%, y la plata avanzaba más de 2%.
El movimiento no es menor: en lo que va del año, el oro acumula una suba cercana al 68%, el mayor avance anual desde 1979. Lejos de responder a un impulso especulativo aislado, analistas del mercado destacan que se trata de una tendencia sostenida, con fuerte participación institucional.
“Esta decisión no fue impulsiva ni guiada por titulares; se desarrolló mediante una expansión ordenada, una breve consolidación y una continuidad renovada, lo que señala participación institucional más que una persecución especulativa”, explicó Jasper Osita, analista de ACY Securities, en un informe citado por FXStreet.
El rol del oro como activo defensivo no es nuevo, pero vuelve a cobrar protagonismo cada vez que el escenario global se vuelve más incierto. A diferencia de las monedas o los bonos, el oro no depende de la solvencia de ningún gobierno ni banco central, lo que lo convierte en un resguardo frente a crisis financieras, devaluaciones o tensiones políticas.
Históricamente, el metal ha logrado preservar su poder adquisitivo frente a episodios de inflación elevada y pérdida de valor de las monedas. Tampoco tiene riesgo de default y cuenta con una alta liquidez, ya que se negocia en todos los mercados del mundo y puede transformarse rápidamente en dinero.
Por estas razones, cuando aumentan la volatilidad, los conflictos geopolíticos o las dudas sobre el sistema financiero, el oro suele consolidarse como una suerte de “moneda universal”, aceptada y demandada en cualquier contexto.
1. Incertidumbre global persistente
Las tensiones entre grandes potencias, los conflictos armados y el temor a crisis financieras impulsan a los inversores a buscar activos que resguarden valor cuando todo lo demás se vuelve más volátil.
2. Tasas de interés reales bajas
Cuando la inflación supera el rendimiento de los bonos o los bancos centrales mantienen tasas reales negativas, el metal gana atractivo frente a los activos financieros tradicionales.
3. Un dólar más débil
Una moneda estadounidense más débil lo vuelve más accesible para compradores internacionales y suele reflejar expectativas de políticas monetarias más laxas, un factor que históricamente impulsa su precio.
4. Compras récord de bancos centrales
Durante el último año, los bancos centrales intensificaron la compra de oro para diversificar reservas y reducir su exposición al dólar. Estas adquisiciones a gran escala reducen la oferta disponible y presionan los precios al alza.
5. Oferta limitada y mayores costos de producción
La producción de oro crece a un ritmo lento. Las nuevas explotaciones requieren inversiones elevadas, largos plazos de desarrollo y enfrentan regulaciones ambientales más estrictas, a lo que se suman mayores costos de energía y extracción.
6. Riesgos geopolíticos y sistémicos
Las guerras, las tensiones comerciales y el temor a crisis financieras globales refuerzan la demanda de activos que no dependan de ningún sistema financiero, consolidando al oro como cobertura frente a escenarios extremos.
Con los precios en máximos históricos, el oro vuelve a plantear un dilema para los inversores. Para los grandes jugadores y los bancos centrales, sigue funcionando como una pieza clave de diversificación y cobertura ante un mundo cada vez más incierto. Para el inversor minorista, en cambio, el desafío pasa por evaluar si el rally ya incorporó gran parte de los riesgos o si la persistencia de la volatilidad global todavía puede sostener nuevos máximos.
En un contexto donde la confianza en las monedas y los activos financieros tradicionales sigue bajo presión, el oro reafirma su lugar histórico