El gobierno de Venezuela anunció a fines de 2025 la liberación de un grupo de presos políticos, presentada como una señal de apertura en un contexto internacional adverso. El gesto fue leído por el oficialismo como una muestra de flexibilidad institucional, pero su alcance real quedó rápidamente condicionado por el perfil de los liberados y por las restricciones que continúan pesando sobre ellos. La medida ocurre en un escenario de creciente presión diplomática y con un horizonte de mayor dureza desde Washington.
Lejos de representar un giro estructural, la decisión se inscribe en una estrategia conocida del chavismo: administrar concesiones puntuales para aliviar tensiones externas sin alterar el control interno. La liberación selectiva no implica reformas judiciales ni reconocimiento de detenciones arbitrarias, sino un ajuste táctico que busca ganar tiempo y recomponer márgenes de maniobra frente a gobiernos y organismos internacionales.
En el núcleo de la maniobra aparece el factor internacional. La eventual reconfiguración del escenario político estadounidense y la posibilidad de un retorno de políticas más confrontativas obligan a Caracas a enviar señales anticipadas. Las excarcelaciones funcionan como mensajes diplomáticos, diseñados para fragmentar consensos críticos y reactivar canales con Europa y con sectores de América Latina que aún apuestan al diálogo.
El alcance de estas liberaciones es, sin embargo, limitado. Muchos de los excarcelados permanecen bajo regímenes de presentación, prohibiciones de salida del país o causas judiciales abiertas. El poder judicial sigue subordinado al Ejecutivo y los aparatos de seguridad mantienen intacta su capacidad de presión. La apertura se expresa en el plano comunicacional, no en el institucional, replicando un patrón ya observado en otros momentos de negociación.
Celebrar una excarcelación no implica normalizar lo inaceptable.
— Edmundo González (@EdmundoGU) December 26, 2025
Quienes hoy recuperan la calle siguen privados de libertad plena. Siguen con procesos abiertos, vigilancia, amenazas implícitas, miedo. La justicia sigue suspendida sobre ellos como una advertencia permanente.… https://t.co/KO7SYcP89r
El caso venezolano no es aislado. Cuba ha recurrido a esquemas similares tras episodios de protesta social o en contextos de negociación externa, liberando presos bajo figuras legales ambiguas y sin desmontar el aparato represivo. En ambos países, las excarcelaciones operan como instrumentos defensivos, no como pasos hacia una transición democrática sostenida.
45 presos políticos excarcelados.
— Alfredo Romero (@alfredoromero) December 26, 2025
Hasta ahora @foropenal ha verificado 45 excarcelaciones del día de ayer de personas calificadas como presos políticos.
Aquí la lista de las excarcelaciones verificadas.
Consideramos oportuno que se publique una lista oficial de excarcelaciones. pic.twitter.com/aKYdbpjQGH
La comparación refuerza una lectura común: los autoritarismos adaptativos de la región ensayan aperturas limitadas para reducir costos reputacionales y económicos, sin renunciar al control político. En ese marco, la liberación de presos políticos en Venezuela aparece menos como un punto de inflexión que como una maniobra de supervivencia frente a un entorno internacional más exigente.