12/02/2026 - Edición Nº1101

Internacionales

Alianza hemisférica

Escudo de las Américas: por qué Nayib Bukele y Costa Rica se alinean con Estados Unidos

29/12/2025 | Ambos países se incorporan al esquema impulsado por Estados Unidos, con efectos políticos y operativos en Centroamérica.



La decisión de El Salvador y Costa Rica de sumarse al Escudo de las Américas marca un nuevo capítulo en la arquitectura de seguridad de Centroamérica. La iniciativa, promovida por Estados Unidos, busca articular cooperación frente a amenazas transnacionales como el narcotráfico, el crimen organizado y la migración irregular, en una región bajo presión creciente.

El anuncio se produjo en un contexto de reordenamiento estratégico de Washington en el hemisferio occidental. Para la Casa Blanca, Centroamérica es un corredor crítico y un espacio donde la prevención y la contención temprana resultan más costo-eficientes que intervenciones posteriores. La adhesión de dos países con perfiles tan distintos refuerza la ambición regional del esquema.

El Salvador 


San Salvador es la capital y el principal centro urbano de la República de El Salvador. 

Arquitectura del acuerdo

El Escudo de las Américas funciona como un marco flexible de cooperación, más político que militar, que prioriza el intercambio de inteligencia, la capacitación y la asistencia técnica. En El Salvador, el acuerdo se integra a la estrategia de seguridad del presidente Nayib Bukele, basada en control territorial y reducción drástica de la violencia, aunque con cuestionamientos por el debilitamiento de contrapesos institucionales.

Para Costa Rica, la lógica es distinta. Sin fuerzas armadas desde 1949, el país apuesta a reforzar capacidades policiales y de inteligencia frente al avance del narcotráfico en rutas marítimas. El desafío para San José es incrementar cooperación sin erosionar su modelo civilista, un equilibrio sensible en su cultura política.

Repercusiones regionales

La incorporación de ambos países puede generar un efecto dominó en Centroamérica. Gobiernos como Guatemala u Honduras observan el esquema como una vía de acceso a recursos y respaldo político, pero también como un mecanismo que implica mayor alineamiento estratégico con Washington y estándares más exigentes de cooperación.

En términos geopolíticos, el Escudo de las Américas amplía la influencia estadounidense en una región donde crece la competencia de actores extrahemisféricos. El riesgo es que el esquema derive en dependencias asimétricas o en tensiones internas si los beneficios operativos no se traducen en mejoras sostenibles de seguridad y gobernanza.

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