14/02/2026 - Edición Nº1103

Internacionales

Presión externa

Venezuela bajo presión de Trump: la apuesta de Mike Pompeo y el efecto en los militares

28/12/2025 | El exsecretario de Estado afirmó que las acciones de Trump podrían provocar deserciones masivas en las Fuerzas Armadas venezolanas. La experiencia previa invita a la cautela.



Las declaraciones de Mike Pompeo sobre el impacto de la presión estadounidense contra el régimen de Nicolás Maduro reactivaron un viejo argumento en la política exterior de Washington: la idea de que el cerco económico, diplomático y militar puede fracturar el núcleo de apoyo del chavismo. Según el exsecretario de Estado, las medidas impulsadas por Donald Trump estarían llevando a la dictadura venezolana a un punto de quiebre, con la posibilidad de deserciones masivas en el estamento militar. Sin embargo, la distancia entre esa proyección y la realidad observada vuelve a plantear interrogantes.

El mensaje de Pompeo se inscribe en un contexto de renovada presión sobre Caracas. En las últimas semanas, Estados Unidos reforzó su presencia naval en el Caribe y endureció los controles sobre el comercio petrolero venezolano. La estrategia apunta a elevar el costo de sostener al régimen, afectando su principal fuente de divisas y enviando una señal disuasiva a aliados regionales y extrarregionales. El enfoque recuerda a fases anteriores de la política estadounidense hacia Venezuela, caracterizadas por una combinación de sanciones y demostraciones de fuerza.

Venezuela 

La hipótesis de la fractura militar

El supuesto central del planteo de Pompeo es que el aumento de la presión externa puede erosionar la lealtad de las Fuerzas Armadas venezolanas. Esta premisa ha estado presente desde al menos 2019, cuando Washington apostó a que el aislamiento internacional y el deterioro económico acelerarían un quiebre interno. No obstante, la experiencia acumulada muestra que la cúpula militar se ha mantenido cohesionada, sostenida por incentivos materiales, control político y un discurso de amenaza externa que refuerza la disciplina interna.

Lejos de generar deserciones masivas, la presión externa ha sido utilizada por el gobierno de Maduro como un recurso de legitimación. La narrativa del asedio extranjero permitió justificar mayores niveles de control interno y reforzar la identificación entre régimen y soberanía nacional. En ese marco, cualquier señal de intervención o coerción externa tiende a consolidar, más que a debilitar, el alineamiento militar con el poder político.

Efectos regionales y costos políticos

La intensificación de la presión estadounidense también tiene implicancias regionales. Países vecinos observan con cautela un escenario de mayor militarización y posibles incidentes en el Caribe, mientras enfrentan las consecuencias humanitarias de la crisis venezolana. El riesgo de escaladas no intencionadas y el impacto sobre los flujos migratorios agregan una capa de complejidad a una estrategia que prioriza la coerción por sobre la negociación.

Desde la perspectiva estadounidense, el endurecimiento del discurso y de las acciones responde tanto a objetivos de política exterior como a dinámicas internas. Venezuela sigue funcionando como un símbolo útil en la retórica contra regímenes autoritarios en el hemisferio, aun cuando los resultados concretos de esa presión sean limitados. La reiteración de pronósticos sobre un colapso inminente del chavismo refuerza expectativas que rara vez se cumplen.


Michael Richard «Mike» Pompeo es un político, empresario y diplomático estadounidense. Se desempeñó como secretario de Estado de los Estados Unidos durante la administración de Donald Trump entre 2018 y 2021.

Entre la presión y el límite

El planteo de Pompeo expone una tensión persistente en la política hacia Venezuela: la confianza en que la presión externa puede sustituir procesos políticos internos. Hasta ahora, esa estrategia no logró producir el quiebre militar anunciado en múltiples ocasiones. Más bien, contribuyó a un estancamiento prolongado, con altos costos sociales y escasa capacidad de inducir cambios estructurales en el poder.

En ese sentido, las declaraciones del ex secretario de Estado funcionan más como una reafirmación doctrinaria que como un diagnóstico basado en hechos recientes. La presión puede incomodar y desgastar, pero no garantiza por sí sola una ruptura del régimen. El caso venezolano vuelve a mostrar que la coerción externa tiene límites claros cuando enfrenta estructuras de poder diseñadas para resistirla.

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