Los mensajes de fin de año de Cristina Kirchner no fueron nunca simples saludos protocolares. A lo largo de los últimos años, sus tuits del 31 de diciembre funcionaron como una suerte de termómetro político y emocional del peronismo, capaces de condensar expectativas, frustraciones y climas internos.
El 31 de diciembre de 2019 condensó, quizás como ningún otro, el clima de época que atravesaba al entonces flamante Frente de Todos.
Tras el triunfo electoral que había devuelto al peronismo al poder, la vicepresidenta apeló a un tono épico y refundacional, marcado por la expectativa de un nuevo comienzo luego del macrismo.
2019... el año en que nos unimos para terminar con la pesadilla que arrasó nuestra tierra y nuestro pueblo.
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) December 31, 2019
2020... el año en que, con el esfuerzo y la solidaridad de todos y todas, vamos empezar a recuperar el trabajo, el futuro y los sueños.
Felicidades compatriotas 🇦🇷 pic.twitter.com/8jlQME2LbT
“2019… el año en que nos unimos para terminar con la pesadilla que arrasó nuestra tierra y nuestro pueblo”, escribió Cristina, para proyectar inmediatamente un horizonte optimista: “2020… el año en que, con el esfuerzo y la solidaridad de todos y todas, vamos empezar a recuperar el trabajo, el futuro y los sueños”.
La consigna era clara: unidad, reconstrucción y esperanza, con la promesa de una “Patria con oportunidades para todos y todas”.
Ese mensaje cerraba una etapa y abría otra, con un relato donde el fracaso del gobierno anterior aparecía como explicación suficiente del deterioro económico y social, y donde el nuevo ciclo político se presentaba como el inicio de la reparación.
Un año después, el 31 de diciembre de 2020, el tono había cambiado. La esperanza seguía presente, pero ahora condicionada por un doble argumento que dominaría buena parte del discurso oficial en los primeros años del Frente de Todos: la herencia macrista y la irrupción de la pandemia.
Cristina habló de “una verdadera pandemia económica y social que representó el último ciclo neoliberal del gobierno macrista”, a la que se le sumó “de manera imprevisible, la pandemia del coronavirus”. El mensaje ya no giraba en torno a la reconstrucción inmediata, sino a la resistencia frente a un contexto adverso y excepcional.
La llegada de las vacunas funcionó como el nuevo elemento de expectativa: “Con la llegada de las primeras vacunas se abre una esperanza”, sostuvo, al tiempo que volvió a convocar a la unidad y la solidaridad como valores centrales para atravesar la crisis.
A esa verdadera pandemia económica y social que representó el último ciclo neoliberal del gobierno macrista se sumó este año, de manera imprevisible, la pandemia del coronavirus.
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) December 31, 2020
Con la llegada de las primeras vacunas se abre una esperanza, pero tenemos que seguir cuidándonos.
Para fines de 2021, el mensaje evidenciaba un desgaste más profundo. Aunque la pandemia seguía presente en el discurso, el énfasis se desplazó hacia una mirada más introspectiva y social, con un tono menos político y más melancólico.
“Se cierra un año que fue difícil para los argentinos y argentinas. Donde la indiferencia caló hondo en nuestra sociedad y nos encontramos cada vez más alejados unos de otros”, escribió Cristina. El futuro aparecía ya sin promesas concretas de mejora económica inmediata, sino como un deseo abstracto de recomposición del lazo social y de los valores comunitarios.
La apelación a “transformar el desamor en solidaridad” y a “reencontrarnos como comunidad” reflejaba un Frente de Todos que comenzaba a mostrar dificultades para ofrecer resultados tangibles, mientras el discurso se refugiaba cada vez más en conceptos simbólicos y emocionales.
El pueblo argentino realizó este año un enorme esfuerzo para hacerle frente a la pandemia y a una situación que sigue siendo difícil, pero que vamos a superar entre todos y todas. Les deseo un 2022 con salud, trabajo, esperanzas y sueños. ¡Felicidades compatriotas! 🇦🇷♥️ pic.twitter.com/yqU5xDOMHu
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) December 31, 2021
El mensaje de fin de año de 2022 profundizó esa tendencia. Cristina volvió a reconocer “grandes dificultades” atravesadas “con mucho esfuerzo”, aunque incorporó un elemento externo al plano político: la consagración de la Selección argentina en el Mundial de Qatar.
“Elijo quedarme con esa maravillosa imagen del pueblo argentino, festejando en paz en las calles”, señaló, desplazando el eje del balance anual hacia una alegría colectiva que no provenía de la gestión, sino del fútbol.
Elijo quedarme con esa maravillosa imagen del pueblo argentino, festejando en paz en las calles.
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) December 31, 2022
Les deseo a todas y todas un 2023 con trabajo, salud y, sobre todo, con muchos sueños por cumplir. ♥️ pic.twitter.com/NdJkCoCUZT
El mensaje del 31 de diciembre de 2024, ya con Javier Milei en el poder, termina de cerrar el arco narrativo iniciado en 2019. El texto retoma, casi de manera calcada, conceptos ya utilizados años anteriores: un año “difícil”, una sociedad atravesada por la “indiferencia” y el deseo de recuperar la empatía y la solidaridad.
Se cierra un año que fue difícil para los argentinos y argentinas. Donde la indiferencia caló hondo en nuestra sociedad y nos encontramos cada vez más alejados unos de otros.
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) December 31, 2024
Deseo de todo corazón que en este 2025 que comienza podamos cambiar ese rumbo. Que logremos transformar… pic.twitter.com/uNzoJSXdZr
Así, los mensajes de fin de año de Cristina Kirchner, leídos en secuencia, funcionan como una radiografía del propio derrotero del Frente de Todos: del entusiasmo fundacional de 2019, al uso de factores exógenos para explicar el fracaso, y finalmente a la imposibilidad de ocultar un balance negativo que el discurso ya no logra maquillar.