Cada fin de año, las imágenes de celebraciones masivas en ciudades occidentales contrastan con la relativa sobriedad que se observa en gran parte del mundo árabe. En países del Golfo como Arabia Saudita, Kuwait y Qatar, el 31 de diciembre no ocupa el mismo lugar simbólico que en Europa o América. La diferencia no es coyuntural ni política: responde a una matriz cultural y religiosa distinta, donde el calendario y la identidad no coinciden plenamente con los ritmos occidentales.
El eje central es el calendario islámico, también conocido como calendario de la hégira. A diferencia del calendario gregoriano, se basa en ciclos lunares y marca sus propios hitos religiosos. El inicio del año islámico -el 1 de Muharram- es la fecha que concentra el sentido espiritual de renovación, reflexión y comunidad, desplazando al 31 de diciembre a un plano meramente administrativo.
Desde el punto de vista estatal, el Año Nuevo occidental no es una festividad oficial en la mayoría de los países del Golfo. No suele ser feriado, no se integra a la narrativa nacional y no convoca celebraciones públicas organizadas por el Estado. Esta decisión no implica un rechazo al mundo occidental, sino una delimitación clara entre prácticas religiosas propias y convenciones internacionales.
En el plano social, la actitud es más matizada. En ciudades con fuerte presencia de expatriados y turismo internacional, el 31 de diciembre existe como evento social, pero de forma acotada y controlada. Hoteles de cadenas globales, restaurantes internacionales y zonas específicas ofrecen cenas especiales o celebraciones privadas, principalmente orientadas a visitantes extranjeros.
Más de una hora de fuegos artificiales en el espectáculo de Nochevieja en Abu Dhabi https://t.co/wveBYf80tL a través de @elcorreo_ae pic.twitter.com/Iw3csjBwcd
— El Correo del Golfo (@elcorreo_ae) December 27, 2025
Qatar y Kuwait representan modelos intermedios. Ambos países aceptan la celebración del 31 de diciembre como parte de su inserción global, pero evitan convertirla en un ritual público masivo. Las autoridades permiten eventos puntuales, con regulaciones claras y sin despliegues simbólicos que compitan con festividades islámicas.
Arabia Saudita, históricamente más conservadora, avanzó en los últimos años hacia una apertura gradual. Bajo reformas culturales y económicas, comenzaron a habilitarse espectáculos y eventos de entretenimiento durante el cierre del año, aunque el discurso oficial evita asociarlos explícitamente con el “Año Nuevo” occidental. El énfasis está puesto en el ocio y el turismo, no en la celebración calendaria.
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— Reporte Ya (@ReporteYa) December 24, 2025
En Navidad, aerolíneas de Qatar sorprendieron al transformar sus aviones en “árboles de Navidad voladores”, con iluminación especial y decoraciones festivas visibles durante los vuelos. — @MediavraiFR pic.twitter.com/bhNsRVuOgE
La diferencia con Occidente es, en última instancia, conceptual. Mientras en Europa y América el Año Nuevo funciona como rito colectivo de cierre y comienzo, en el Golfo esa función pertenece al calendario islámico. El 31 de diciembre se acepta como referencia global, útil para el comercio, el turismo y la diplomacia, pero no como marcador identitario.
Este equilibrio entre tradición y globalización define la forma en que los países árabes del Golfo gestionan el tiempo simbólico. No hay prohibición absoluta ni adopción plena: hay una administración cuidadosa de qué se celebra, cómo y para quién. En esa distinción se juega buena parte de la relación entre modernización y continuidad cultural en la región.