El 31 de diciembre de 1946, el presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, firmó una proclamación que puso fin formal al estado de hostilidades de la Segunda Guerra Mundial dentro del marco legal estadounidense. Aunque los combates habían concluido más de un año antes, el acto tuvo un peso simbólico e institucional decisivo: marcó el cierre administrativo de la guerra más devastadora del siglo XX.
La medida no sorprendió a los contemporáneos. La Alemania nazi se había rendido en mayo de 1945 y Japón lo había hecho en septiembre del mismo año. Sin embargo, el fin de los enfrentamientos no implicaba automáticamente el fin del estado de guerra en términos legales. Estados Unidos, como otras potencias aliadas, mantenía vigentes leyes de emergencia y facultades excepcionales heredadas del conflicto.
La proclamación presidencial respondió a esa necesidad de normalización. Al declarar oficialmente terminadas las hostilidades, Truman habilitó el desmantelamiento progresivo de estructuras de guerra, la revisión de decretos extraordinarios y el inicio de una transición institucional hacia tiempos de paz. Fue una decisión menos épica que necesaria.
Este cierre legal permitió ordenar la relación entre el poder ejecutivo, el Congreso y la economía civil. Industrias movilizadas para la guerra comenzaron a reconvertirse, soldados retornaron a la vida civil y el Estado inició la tarea de redefinir sus prioridades internas en un mundo que ya no estaba dominado por el conflicto armado global.
Un 26 de diciembre fallecía Harry S Truman. El hombre que no se escondió, el hombre sobre el cual recayó el peso de los planetas y las estrellas
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El gesto de Truman también funcionó como un puente hacia una etapa distinta de la política internacional. A fines de 1946, la atención ya se desplazaba hacia la reconstrucción europea, el diseño de nuevas instituciones multilaterales y la creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El cierre formal de la guerra abrió paso al orden de posguerra y, casi de inmediato, a la lógica de la Guerra Fría.
En ese sentido, la proclamación no clausuró un tiempo de conflictos, sino que inauguró otro. La paz que se formalizaba era frágil y provisional, atravesada por nuevas rivalidades ideológicas y estratégicas que definirían la segunda mitad del siglo XX.
The funeral of Harry Truman 🇺🇸 who died #OTD 1972#POTUS ❤️
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A diferencia de las rendiciones de 1945, el acto de 1946 pasó sin grandes festejos. No hubo desfiles ni discursos multitudinarios. Su importancia residió precisamente en su carácter administrativo: cerrar una guerra no siempre es un acto de gloria, sino de orden institucional.
La declaración de Truman recordó que las guerras no terminan solo cuando callan las armas, sino cuando los Estados deciden abandonar el estado de excepción. En ese gesto silencioso se selló el final formal de la Segunda Guerra Mundial y se abrió, sin euforia, una nueva etapa de la historia global.