Mientras la Unión Cívica Radical (UCR) intenta redefinir su identidad en la era de Javier Milei, hacia adentro del partido se consolida una fractura menos visible que otras, pero no menos profunda: una grieta marcadamente geográfica que atraviesa al radicalismo entre el AMBA y el interior del país.
No se trata solo de matices discursivos ni de posicionamientos coyunturales, sino de miradas estructuralmente distintas sobre el gobierno libertario, su programa económico y su concepción del poder.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires se concentra la expresión más crítica y homogénea del radicalismo frente a Milei.
Tanto en la Ciudad como en el conurbano bonaerense, la UCR observa al gobierno con una desconfianza que, aunque parte de diagnósticos diferentes, converge en un rechazo claro al rumbo presidencial.
Del lado porteño, el radicalismo que tiene como referencia a figuras como Martín Lousteau se inscribe en una tradición socialdemócrata, institucionalista y fuertemente crítica de las formas del Presidente. Las descalificaciones, el estilo confrontativo y la lógica de polarización permanente de Milei chocan con una UCR capitalina que pone el acento en la defensa del Estado, la educación pública y el sistema de salud.
No es casual que este sector se haya involucrado activamente en conflictos como los del Hospital Garrahan o la Universidad de Buenos Aires, donde el radicalismo porteño se posiciona como parte de un frente de resistencia frente al ajuste, con una narrativa que combina derechos sociales, calidad institucional y sensibilidad urbana.
INENTENDIBLE.
— Emiliano Yacobitti (@Yaco_Emiliano) December 26, 2025
Senadores que se proclaman defensores de la educación pública votarán a favor del artículo 30 de la Ley de Presupuesto que, entre otras cosas, elimina los pisos de inversión en educación y ciencia.
Ese piso funciona como una referencia para orientar recursos y…
En el conurbano bonaerense, la crítica radical a Milei se apoya menos en el plano simbólico y más en el impacto concreto del modelo económico. La UCR bonaerense observa con preocupación el efecto del ajuste sobre la industria, la construcción y el empleo, sectores que tienen un peso decisivo en el entramado productivo del Gran Buenos Aires.
Aquí, el rechazo al mileísmo no se explica tanto por una distancia cultural, sino por una lectura pragmática: el programa económico del Gobierno, con su énfasis en la apertura, el freno a la obra pública y la desregulación, es visto como perjudicial para el tejido productivo local.
Esa mirada crítica del AMBA contrasta con la que predomina en amplios sectores del radicalismo del interior del país, donde la relación con el gobierno de Milei es más ambigua y menos confrontativa. Esto no implica un alineamiento automático ni un respaldo irrestricto, pero sí una mayor disposición a acompañar el rumbo económico general.
En provincias con fuerte peso de las exportaciones, particularmente las ligadas al agro, existe una percepción de que el Gobierno avanza en una dirección favorable: apertura comercial, eliminación de trabas, tipo de cambio más competitivo y señales promercado. En ese marco, muchos dirigentes radicales del interior consideran que Milei puede generar condiciones para un despegue productivo, aun cuando cuestionen aspectos del ajuste o del método político
Algo similar ocurre en las provincias mineras, donde la agenda de inversiones, desregulación y promoción de proyectos extractivos encuentra puntos de contacto con sectores del radicalismo local, más interesados en el desarrollo económico que en las disputas discursivas.

La grieta geográfica también se expresa en el plano cultural y político. En el interior del país, el radicalismo suele mostrar una impronta más conservadora en temas sociales y de valores, una sensibilidad que dialoga con mayor naturalidad con el ideario de Milei que con el perfil progresista del radicalismo porteño.
Esta diferencia ayuda a explicar por qué, en muchas provincias, el discurso del presidente no genera el mismo nivel de rechazo que en la Ciudad de Buenos Aires, donde la UCR se referencia en una agenda más cercana a los debates universitarios, urbanos y de derechos.
#Presupuesto2026 Los argentinos necesitamos Presupuesto, sin esta herramienta, ni las provincias ni los privados pueden planificar. En esa visión de desarrollo que tenemos para nuestro país, la educación pública debe tener un lugar central.
— Peteco Vischi (@petecovischi) December 27, 2025
@SenadoArgentina pic.twitter.com/Hi9u0PJfP1
La división interna quedó claramente expuesta durante el debate del Presupuesto 2026. Mientras la UCR porteña adoptó una posición abiertamente lapidaria frente al proyecto del Ejecutivo, denunciando recortes y cuestionando el enfoque general del plan económico, la mayoría de los senadores radicales del interior optaron por acompañar la iniciativa del Gobierno.
Ese contraste no fue solo táctico: reflejó dos diagnósticos distintos sobre el presente y el futuro del país, y sobre el rol que debe jugar el radicalismo frente a un gobierno disruptivo como el de Milei.