08/01/2026 - Edición Nº1066

Internacionales

Herencia política

Brasil 2026: el límite oculto que vuelve riesgoso apostar por Bolsonaro

01/01/2026 | La marca Bolsonaro conserva un núcleo fiel, pero su desgaste judicial y político reconfigura alianzas y límites electorales.



El apellido Bolsonaro sigue siendo uno de los activos políticos más reconocibles de Brasil, incluso después de la salida del poder de Jair Bolsonaro. A un año de las presidenciales de 2026, su nombre continúa ordenando discursos, campañas y posicionamientos dentro de la derecha, aunque ya no lo hace desde un lugar de fortaleza indiscutida. La marca conserva capacidad de movilización, pero también acumula rechazo y fatiga en amplios sectores sociales.

Desde la derrota electoral de 2022, el bolsonarismo se replegó sin desaparecer. Mantiene presencia territorial, representación parlamentaria y una narrativa cohesionada en redes sociales. Sin embargo, el contexto político es otro: investigaciones judiciales abiertas, tensiones institucionales recientes y un sistema político que busca estabilizarse. En ese escenario, el apellido dejó de ser una garantía automática de victoria y pasó a funcionar como un factor de riesgo calculado.

Brasil


Brasil es un vasto país de Sudamérica que se extiende desde la Cuenca del Amazonas en el norte hasta los viñedos y las enormes cataratas del Iguazú en el sur.

El apellido como eje de la oposición

Dentro de la derecha brasileña, el nombre Bolsonaro sigue operando como un punto de referencia obligado. Gobernadores, legisladores y dirigentes conservadores miden cada gesto en función de su cercanía o distancia con esa identidad. Para algunos, alinearse asegura un piso electoral sólido; para otros, implica cerrar puertas a acuerdos con sectores de centro y actores económicos clave.

El problema central es la transferencia de liderazgo. Ningún heredero político logró, hasta ahora, desprenderse del tutelaje simbólico del expresidente. Esa dependencia garantiza visibilidad y fidelidad militante, pero reduce autonomía estratégica. En una elección presidencial que exige ampliar apoyos, la fuerza identitaria del apellido se transforma en un límite estructural para construir una mayoría más amplia.

Escenarios y límites rumbo a 2026

El oficialismo observa este panorama con ambivalencia. Un bolsonarismo activo mantiene viva la polarización y ordena el tablero político, pero también dificulta la gobernabilidad en un Congreso fragmentado. Para el Gobierno, la persistencia del apellido funciona como antagonista útil, aunque al costo de prolongar la lógica de confrontación permanente.

De cara a 2026, el dilema es claro: el apellido Bolsonaro garantiza presencia, pero no asegura expansión. Puede consolidar una candidatura competitiva en primera vuelta, pero enfrenta un techo electoral evidente en un país cansado de la crisis institucional. La derecha brasileña deberá decidir si sigue orbitando una marca desgastada o si se anima a construir una alternativa propia, capaz de dialogar con el legado sin quedar atrapada en él.

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