El apellido Bolsonaro sigue siendo uno de los activos políticos más reconocibles de Brasil, incluso después de la salida del poder de Jair Bolsonaro. A un año de las presidenciales de 2026, su nombre continúa ordenando discursos, campañas y posicionamientos dentro de la derecha, aunque ya no lo hace desde un lugar de fortaleza indiscutida. La marca conserva capacidad de movilización, pero también acumula rechazo y fatiga en amplios sectores sociales.
Desde la derrota electoral de 2022, el bolsonarismo se replegó sin desaparecer. Mantiene presencia territorial, representación parlamentaria y una narrativa cohesionada en redes sociales. Sin embargo, el contexto político es otro: investigaciones judiciales abiertas, tensiones institucionales recientes y un sistema político que busca estabilizarse. En ese escenario, el apellido dejó de ser una garantía automática de victoria y pasó a funcionar como un factor de riesgo calculado.
Dentro de la derecha brasileña, el nombre Bolsonaro sigue operando como un punto de referencia obligado. Gobernadores, legisladores y dirigentes conservadores miden cada gesto en función de su cercanía o distancia con esa identidad. Para algunos, alinearse asegura un piso electoral sólido; para otros, implica cerrar puertas a acuerdos con sectores de centro y actores económicos clave.
El problema central es la transferencia de liderazgo. Ningún heredero político logró, hasta ahora, desprenderse del tutelaje simbólico del expresidente. Esa dependencia garantiza visibilidad y fidelidad militante, pero reduce autonomía estratégica. En una elección presidencial que exige ampliar apoyos, la fuerza identitaria del apellido se transforma en un límite estructural para construir una mayoría más amplia.
- Jair Bolsonaro responde à carta de @realDonaldTrump . pic.twitter.com/Pj91AAxcHa
— Jair M. Bolsonaro (@jairbolsonaro) July 18, 2025
El oficialismo observa este panorama con ambivalencia. Un bolsonarismo activo mantiene viva la polarización y ordena el tablero político, pero también dificulta la gobernabilidad en un Congreso fragmentado. Para el Gobierno, la persistencia del apellido funciona como antagonista útil, aunque al costo de prolongar la lógica de confrontación permanente.
É com grande responsabilidade que confirmo a decisão da maior liderança política e moral do Brasil, Jair Messias Bolsonaro, de me conferir a missão de dar continuidade ao nosso projeto de nação.
— Flavio Bolsonaro (@FlavioBolsonaro) December 5, 2025
Eu não posso, e não vou, me conformar ao ver o nosso país caminhar por um tempo de… pic.twitter.com/vBvHS7M0hJ
De cara a 2026, el dilema es claro: el apellido Bolsonaro garantiza presencia, pero no asegura expansión. Puede consolidar una candidatura competitiva en primera vuelta, pero enfrenta un techo electoral evidente en un país cansado de la crisis institucional. La derecha brasileña deberá decidir si sigue orbitando una marca desgastada o si se anima a construir una alternativa propia, capaz de dialogar con el legado sin quedar atrapada en él.