02/01/2026 - Edición Nº1060

Internacionales

Presión comercial

Aranceles de Estados Unidos en 2025: el costo silencioso que amenaza a Costa Rica

30/12/2025 | El cierre de 2025 expone la vulnerabilidad comercial costarricense frente a un giro más rígido de la política estadounidense.



El cierre de 2025 encuentra a Costa Rica atravesada por un escenario externo más restrictivo, marcado por la aplicación de aranceles estadounidenses sobre productos estratégicos. La medida, adoptada por Estados Unidos en un contexto de repliegue comercial selectivo, vuelve a poner en evidencia la alta dependencia costarricense de un solo mercado. Para una economía pequeña y abierta, la decisión no es un episodio aislado, sino una señal de riesgo estructural que afecta expectativas, inversiones y planificación productiva.

Aunque el impacto macroeconómico agregado aún luce acotado, los efectos sectoriales son desiguales y potencialmente persistentes. Exportadores agrícolas e industriales enfrentan mayores costos de acceso, menor competitividad relativa y una presión directa sobre márgenes. El problema central no es solo el arancel en sí, sino la incertidumbre que introduce sobre reglas de juego que durante años fueron estables. En ese marco, la discusión se desplaza del corto plazo hacia la sostenibilidad del modelo exportador.

Costa Rica 


Costa Rica es un país de América Central con una geografía accidentada, que incluye bosques tropicales y costas en el Caribe y el Pacífico. Aunque su capital, San José, es hogar de instituciones culturales, como el Museo del Oro Precolombino, Costa Rica es conocida por sus playas, sus volcanes y su biodiversidad.

Dependencia y señales de alerta

La relación comercial con Estados Unidos sigue siendo el principal anclaje externo de Costa Rica, lo que amplifica cualquier ajuste unilateral desde Washington. En 2025, el giro estadounidense responde más a prioridades internas -protección del empleo, presión política doméstica y reordenamiento de cadenas de suministro- que a conflictos bilaterales específicos. Esa lógica deja a socios como Costa Rica con poco margen de negociación directa y expuestos a decisiones que no consideran impactos asimétricos.

Desde el sector privado, la preocupación se concentra en la previsibilidad. Un arancel transitorio puede absorberse; una señal persistente de endurecimiento comercial obliga a replantear inversiones, contratos y estrategias logísticas. Algunas empresas optaron por reducir volúmenes o redireccionar exportaciones, mientras otras comenzaron a evaluar nuevos mercados. Sin embargo, la diversificación es lenta, costosa y no inmediata, especialmente cuando los productos están diseñados para el mercado estadounidense.

Escenarios y costos de adaptación

En el plano interno, los aranceles actúan como catalizador de tensiones preexistentes. Sectores exportadores reclaman incentivos, alivios fiscales y apoyo crediticio, mientras el Estado enfrenta restricciones presupuestarias y compromisos de disciplina fiscal. El dilema es claro: sostener competitividad externa sin erosionar la estabilidad macroeconómica. Las herramientas disponibles son limitadas, y cualquier política de compensación tiene costos fiscales y políticos.


Primeros aranceles anunciados por Donald Trump al inicio de su gestión. 

Hacia adelante, el riesgo principal es naturalizar un escenario de presión externa sin ajustes estratégicos de fondo. Costa Rica conserva activos relevantes -capital humano, estabilidad institucional y reputación internacional-, pero estos solo amortiguan el impacto si se traducen en una estrategia coherente. En un contexto global más fragmentado y menos previsible, la capacidad de adaptación será el factor decisivo para evitar que el golpe de 2025 marque el inicio de una pérdida gradual de competitividad.