Con la mirada puesta en el calendario presidencial, Axel Kicillof enfrenta en 2026 un año clave si aspira a llegar bien posicionado a la disputa por la sucesión de Javier Milei en 2027.
El gobernador bonaerense no solo deberá sostener su gestión provincial en un contexto económico adverso, sino también ordenar su frente interno y construir una proyección nacional que le permita ampliar su base política y electoral.
El camino, lejos de ser lineal, presenta al menos cuatro desafíos centrales.
El primer objetivo de Kicillof pasa por atravesar 2026 con una gestión ordenada en la provincia de Buenos Aires, sin “cisnes negros” que erosionen su capital político. En términos concretos, esto implica evitar escándalos de corrupción, garantizar un funcionamiento razonablemente normal de áreas sensibles como educación y salud, y cumplir sin sobresaltos con el pago de salarios y compromisos básicos del Estado provincial.
A diferencia de la gestión nacional o municipal, el desempeño de un gobierno provincial es más difícil de medir con parámetros claros. No hay indicadores tan directos ni evaluaciones tan inmediatas. Sin embargo, para proyectarse a nivel nacional, Kicillof necesitará mostrar algunos hitos de gestión que puedan ser exhibidos como logros concretos.
Llegar a 2027 con una provincia previsible y sin crisis graves es, en este sentido, una condición necesaria, aunque no suficiente.
Termina el 2025, el año en que nos pusimos en Movimiento y Derecho al Futuro.
— Movimiento Derecho al Futuro (@MOVIMIENTODAF) December 29, 2025
Empieza otro camino. pic.twitter.com/UPsf1yjKES
El segundo desafío es eminentemente político: mantener alineado al peronismo en la Legislatura bonaerense. La Cámpora seguirá teniendo un peso decisivo, al igual que el massismo, y Kicillof necesitará que su agenda legislativa no quede atrapada en las disputas internas del oficialismo.
La frase del ministro Carlos Bianco, cuando reclamó que los proyectos del Ejecutivo fueran acompañados “sin chistar”, generó ruido y malestar. Más allá de la crudeza de la expresión, el mensaje de fondo sigue vigente: el gobernador necesita reducir al mínimo las resistencias internas para no enredarse en negociaciones permanentes que desgasten su autoridad política.
A esto se suma un dato clave: para aprobar las leyes, Kicillof también requerirá acuerdos con sectores de la oposición. Un oficialismo dividido no solo complica la gobernabilidad, sino que debilita cualquier intento de construcción presidencial.
“SIN CHISTAR”
— Tendencias ARG (@porqtendenciaa) June 29, 2025
Porque Carli Bianco pretende que los legisladores peronistas de todos los espacios hagan lo que el Gobernador quiere sin chistar. pic.twitter.com/E0TfxlC0Qt
El tercer desafío apunta a la proyección nacional del gobernador. La nacionalización del Movimiento Derecho al Futuro, su espacio político, será una prueba decisiva. No se trata solo de sumar dirigentes o sellos provinciales, sino de ampliar el discurso y abordar temas que exceden largamente la agenda bonaerense.
Si Kicillof quiere instalarse como una alternativa nacional, deberá fijar posición sobre cuestiones estratégicas como la minería, las retenciones al agro, la distribución de los subsidios energéticos y el modelo de desarrollo para el conjunto del país. Su mirada no es una incógnita: fue ministro de Economía entre 2012 y 2015 y dejó una impronta clara. Sin embargo, ya pasaron más de diez años desde entonces, y el interrogante es inevitable: ¿sostendrá las mismas ideas o presentará una versión aggiornada de su pensamiento económico?
El cuarto y quizás más complejo desafío es electoral. Kicillof deberá interpelar a un sector del electorado que rechaza a Milei, pero que también mantiene una distancia crítica con el kirchnerismo tradicional. Se trata de un votante más independiente, menos ideologizado, que no se siente representado por los polos duros de la política argentina.
La experiencia de Alberto Fernández en 2019 ofrece una referencia ineludible. El entonces candidato logró captar ese segmento con un discurso, por momentos, “deskirchnerizado”, mientras Cristina Kirchner y La Cámpora ocupaban un lugar de menor exposición durante la campaña. Reproducir una estrategia similar no será sencillo, especialmente en un contexto de mayor polarización y con un Milei que estructura buena parte del debate público.