En el áspero debate económico argentino, pocas expresiones resultan tan elocuentes como “econochantas”.
El término había sido utilizado en algunas oportunidades por el kirchnerismo para deslegitimar a economistas críticos, pero volvió a escena con otra fuerza en boca de Javier Milei, quien lo emplea de manera recurrente para atacar a colegas que cuestionan su programa económico o cuyos pronósticos no coinciden con los resultados que exhibe el Gobierno.
La coincidencia no es menor: pese a ubicarse en extremos ideológicos opuestos, kirchnerismo y libertarios comparten un mismo recurso retórico para desacreditar voces disidentes.
La expresión alcanzó notoriedad pública en diciembre de 2008, en plena presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, a partir de una nota de Roberto Navarro titulada “Los econochantas”. Allí, el periodista apuntaba contra un grupo de economistas mediáticos a los que acusaba de construir un relato catastrofista permanente, aun cuando los datos de la economía real parecían desmentirlos.
“¿Quién convence a la clase media argentina de que el país está muy mal y, lo que es peor, marcha hacia la ruina?”, se preguntaba Navarro, para responderse sin rodeos: “Se trata de un grupo de economistas mediáticos, profetas de la catástrofe”. En ese texto, el autor señalaba que eran los mismos analistas que en 2002 habían pronosticado un dólar a 20 pesos, hiperinflación y colapso total, escenarios que no se materializaron.

En la nota, Navarro sostenía que, lejos de hacer autocrítica por sus errores, esos economistas insistían en nuevos augurios negativos. “Ante la evidencia de que la debacle no sucedería, comenzaron a afirmar que el crecimiento económico era sólo un ‘veranito’”, escribía, y luego hablaban de “rebote técnico” o de una crisis inminente.
El artículo iba más allá de la crítica técnica y apuntaba a una intencionalidad política y económica. Según Navarro, estos analistas buscaban “conseguir una profecía autocumplida, minando las expectativas sociales para que se gaste menos, se invierta menos y así finalmente caer en la debacle que anunciaron”. Para el kirchnerismo de entonces, los “econochantas” eran funcionales al poder económico y contaban con “la complicidad de gran parte de los medios”.
Entre los nombres mencionados aparecían Miguel Ángel Broda, Daniel Artana, José Luis Espert, Roberto Cachanosky, Ricardo López Murphy y Guillermo Mondino, presentados como “Nostradamus modernos” que erraban sistemáticamente sus pronósticos.
Más de quince años después, el concepto reapareció con fuerza desde un lugar inesperado. Javier Milei, presidente y referente del ideario libertario, adoptó el término “econochantas” para descalificar a economistas que cuestionan su plan de gobierno o ponen en duda sus proyecciones oficiales, especialmente en materia de inflación, tipo de cambio y salida del cepo.
A lo largo de 2024 y 2025, Milei incluyó en esa categoría -o los atacó bajo premisas similares- a figuras como Carlos Melconian, Domingo Cavallo, Marina Dal Poggetto, Ricardo López Murphy y Miguel Ángel Broda. La coincidencia resulta llamativa: varios de esos nombres son los mismos que Navarro había señalado en 2008 desde una óptica kirchnerista.
El paralelismo no se limita a la palabra. Tanto el kirchnerismo de entonces como el mileísmo actual construyen una lógica similar: los economistas críticos no sólo se equivocan, sino que lo hacen de manera sistemática y con mala fe. En ambos casos, se los acusa de generar miedo, erosionar expectativas y operar políticamente contra el gobierno de turno.
La diferencia central radica en el contexto y en la narrativa ideológica. Mientras Navarro denunciaba a los “econochantas” como exponentes del neoliberalismo y aliados del poder económico concentrado, Milei los presenta como parte de la “casta”, responsables de la decadencia argentina y defensores de un statu quo que su gestión busca demoler.