02/01/2026 - Edición Nº1060

Internacionales

Debate constitucional

Ofensiva de Petro en Colombia: qué busca con la Asamblea Constituyente

30/12/2025 | El debate sobre una nueva Constitución reabre tensiones políticas conocidas y expone una pregunta clave: ¿falló el texto o falló su cumplimiento?



La discusión sobre una eventual Asamblea Constituyente volvió al centro de la agenda colombiana impulsada por sectores cercanos al Gobierno y amplificada por el propio Gustavo Petro. El planteo aparece en un contexto de reformas trabadas, desgaste político y proximidad electoral, lo que le otorga un peso simbólico que excede lo estrictamente jurídico. No se trata solo de cambiar reglas, sino de redefinir el eje del conflicto político.

Desde 1991, Colombia cuenta con una de las constituciones más ambiciosas de la región en materia de derechos, control institucional y participación ciudadana. Sin embargo, la persistencia de desigualdades, la debilidad estatal en amplias zonas del país y la judicialización permanente de derechos sociales alimentaron la percepción de que el marco vigente es insuficiente. Esa lectura, no obstante, omite un punto central: la distancia entre el texto constitucional y su aplicación efectiva.

Colombia 


Colombia es un país del extremo norte de Sudamérica. Su paisaje cuenta con bosques tropicales, las montañas de los Andes y varias plantaciones de café. 

Experiencias regionales recientes

La apelación a una Constituyente como atajo político tiene antecedentes claros en América Latina. En Venezuela y Bolivia, los procesos constituyentes fueron presentados como instrumentos de refundación democrática, pero derivaron en concentración de poder y debilitamiento de contrapesos, sin resolver los problemas estructurales que prometían corregir. El texto cambió; las prácticas políticas, en lo esencial, no.

Chile ofrece una lección distinta pero igual de relevante. Allí, una demanda social genuina por un nuevo pacto constitucional terminó chocando con la falta de consensos amplios y con proyectos percibidos como excesivamente ideologizados. El resultado fue el rechazo popular en dos plebiscitos consecutivos, una señal de alerta para cualquier país que confunda malestar social con respaldo automático a una ruptura constitucional.

El dilema colombiano

A diferencia de esos casos, Colombia no arrastra una Constitución de origen autoritario ni un texto agotado por diseño. La Carta de 1991 sigue ofreciendo herramientas suficientes para avanzar en reformas profundas si existiera voluntad política sostenida y capacidad de gestión. Insistir en una Constituyente puede funcionar como narrativa de confrontación, pero también corre el riesgo de desviar el foco del problema real: el incumplimiento sistemático de normas ya vigentes.

El dilema, entonces, no es Constitución nueva versus Constitución vieja, sino responsabilidad política versus atajo institucional. Una Asamblea Constituyente sin consensos amplios puede abrir un ciclo de incertidumbre jurídica y polarización que complique aún más la gobernabilidad. Cumplir la Constitución existente puede ser menos épico, pero es un desafío más concreto y, sobre todo, más urgente.