Un mensaje publicado en redes sociales por la embajadora de Chile en Nueva Zelanda, Manahi Pakarati, fue suficiente para desatar una tormenta política y diplomática que trascendió el ámbito digital. La frase “libre determinación para la nación de Rapa Nui”, difundida en Instagram y luego eliminada, colocó al Gobierno chileno ante una controversia incómoda: el rol de sus representantes en el exterior frente a demandas históricas de pueblos originarios y los límites de la política exterior en materia de soberanía.
El episodio ocurrió el 24 de diciembre, cuando Pakarati compartió la imagen de un cartel —traducido al inglés— que reivindicaba la autodeterminación del pueblo rapanui. Aunque la publicación fue retirada pocas horas después, la Cancillería actuó de inmediato y tomó contacto con la diplomática para reprocharle el contenido del mensaje. Desde el Gobierno se remarcó que la postura expresada no representa la posición oficial del Estado chileno.
Legisladores de oposición exigieron su renuncia, argumentando que una embajadora no puede promover ideas que cuestionen la integridad territorial del país. A esas críticas se sumaron voces del oficialismo que, si bien reconocieron la legitimidad de las demandas culturales y de autonomía del pueblo rapanui, subrayaron que la autodeterminación es un concepto con implicancias jurídicas incompatibles con el marco constitucional chileno.
El trasfondo del conflicto excede el episodio puntual. Desde hace décadas, Rapa Nui mantiene una relación compleja con el Estado chileno, marcada por reclamos de mayor autonomía, control del territorio y reconocimiento político. La Constitución vigente y la legislación especial para la isla contemplan mecanismos de protección cultural y administrativa, pero no habilitan procesos de secesión ni autodeterminación en sentido estricto.
La isla de Pascua, o Rapa Nui, es técnicamente parte de Chile a pesar de que la remota isla se encuentra a más de 3.500 kilómetros de la costa. Es famosa por sus enormes estatuas de piedra conocidas como "moai." pic.twitter.com/oTvt3ah8fb
— Mar Gómez (@MarGomezH) September 16, 2023
En ese contexto, el gesto de la embajadora fue leído como una señal políticamente imprudente. En diplomacia, las expresiones personales adquieren peso institucional, especialmente cuando provienen de funcionarios que representan al Estado ante otros países. El riesgo, advierten expertos, no reside solo en el debate interno, sino en la posibilidad de que terceros interpreten estas señales como fisuras en la posición soberana de Chile.
El caso adquiere mayor complejidad por la trayectoria de Pakarati. Diplomática de carrera con casi tres décadas de servicio y la primera embajadora de origen rapanui, su designación había sido leída como un gesto de inclusión y reconocimiento. Precisamente por ello, el impacto del episodio fue mayor: lo simbólico chocó con las exigencias de disciplina institucional propias del servicio exterior.
La sola inviabilidad económica de Rapa Nui hace que la idea de autodeterminación sea ridícula pic.twitter.com/heUc4f4Wmp
— Ignacio Tobar (@IgTobar) December 27, 2025
La controversia deja una lección clara para el Gobierno. La gestión de las demandas territoriales y culturales de los pueblos originarios requiere canales políticos internos y consensos amplios, no gestos individuales en escenarios internacionales. En política exterior, incluso un posteo puede convertirse en un problema de Estado.