José Alberto Ronderos llevaba dos días sin responder mensajes y la falta de noticias encendió la alarma en su familia. El 9 de diciembre, al ingresar a su vivienda del barrio porteño de Núñez, sus allegados lo encontraron muerto. A partir de ese momento, la investigación reconstruyó una secuencia marcada por una vigilancia previa y un robo que terminó en homicidio.
La jueza María Fabiana Galletti, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°37, procesó con prisión preventiva a dos hombres acusados de haber asesinado al jubilado para robarle el 7 de diciembre pasado. Además, dispuso el embargo de los bienes de ambos hasta cubrir la suma de $101.279.145 para cada uno.
La decisión se adoptó en el marco de la investigación impulsada por la Fiscalía de Distrito de Saavedra y Núñez, que conduce el fiscal José María Campagnoli. El expediente permitió establecer que la víctima, de 70 años, fue atacada dentro de su propia casa, donde fue reducida, atada de pies y manos y golpeada brutalmente.
Según la autopsia, Ronderos murió como consecuencia de politraumatismos y una hemorragia interna. Su cuerpo fue hallado semidesnudo y con múltiples lesiones, lo que dio cuenta de la violencia ejercida durante el ataque.
Las tareas investigativas incluyeron el análisis de cámaras de seguridad de la zona y testimonios de personas que conocían la rutina del jubilado. De ese trabajo surgió que, en los días previos al crimen, uno de los imputados realizó tareas de vigilancia en los alrededores del domicilio. De acuerdo con la resolución judicial, los acusados llevaron adelante “discretas tareas de inteligencia” entre el 5 y el 7 de diciembre, con el objetivo de determinar el momento oportuno para ingresar a la vivienda.
El ataque ocurrió durante la tarde del 7 de diciembre. Los agresores aprovecharon que Ronderos vivía solo, ingresaron a su casa, lo maniataron con cinta adhesiva, un cordón y un cable telefónico, y luego lo golpearon hasta causarle la muerte. Tras el crimen, sustrajeron distintos bienes —entre ellos su teléfono celular— que cargaron en mochilas y una bolsa antes de huir.
La investigación también determinó que, tras abandonar la vivienda, los dos hombres se trasladaron en colectivo junto a un tercer cómplice hacia la zona de Parque Patricios. Días después, y tras la difusión del caso, escaparon de la Ciudad de Buenos Aires: primero viajaron a Dolores y luego a Mar del Plata, donde finalmente fueron detenidos a mediados de diciembre, luego de quedar involucrados en un incidente de tránsito en el que uno de ellos conducía alcoholizado.
Al ser trasladados nuevamente a la Ciudad para prestar declaración indagatoria, ambos imputados se negaron a declarar. Con los elementos reunidos, la jueza Galletti los procesó como autor y partícipe necesario de los delitos de homicidio agravado por ensañamiento, por el concurso premeditado de dos o más personas y por criminis causae, en concurso real con el delito de robo.
En su resolución, la magistrada destacó que el crimen fue el resultado de un plan elaborado con antelación y subrayó que Ronderos fue sometido a un trato humillante, dejado atado, ensangrentado y sin posibilidad alguna de pedir auxilio. Para la jueza, los acusados no podían desconocer que la violencia desplegada podía derivar en la muerte de la víctima y que el éxito del plan dependía, precisamente, de que el jubilado no pudiera recibir ayuda.