Durante 2025, el mundo volvió a quedar atravesado por crisis humanitarias profundas y simultáneas. Guerras prolongadas, nuevas escaladas armadas y desastres naturales cada vez más extremos empujaron a millones de personas a situaciones límite, con acceso restringido a salud, alimentos, agua potable y refugio.
En este escenario, organizaciones como Médicos Sin Fronteras desplegaron equipos en algunos de los contextos más críticos del planeta, brindando atención médica de emergencia allí donde los sistemas estatales colapsaron o dejaron de funcionar.
La crisis en Gaza siguió agravándose a lo largo de 2025. Los bombardeos, el bloqueo y la destrucción de infraestructura sanitaria dejaron a gran parte de la población sin acceso regular a atención médica. Hospitales dañados, escasez de medicamentos y cortes de servicios básicos obligaron a los equipos médicos a trabajar en condiciones extremas.
Las cirugías de urgencia, la atención a personas heridas y el tratamiento de enfermedades crónicas se realizaron muchas veces en hospitales saturados o en espacios improvisados, mientras la población civil enfrentó desplazamientos forzados, inseguridad alimentaria y un fuerte impacto psicológico.
El conflicto en Ucrania entró en una fase prolongada que profundizó el desgaste social y sanitario. Más allá de los combates, el impacto se sintió en hospitales sobrecargados, poblaciones desplazadas y un aumento de las necesidades en salud mental.
La atención médica se concentró tanto en personas heridas por la guerra como en civiles con enfermedades crónicas que quedaron sin tratamiento regular. En zonas cercanas al frente, los equipos sanitarios trabajaron con recursos limitados y bajo riesgo constante.

En distintas regiones de África, 2025 estuvo marcado por crisis alimentarias severas, agravadas por conflictos armados, sequías prolongadas y el encarecimiento de los alimentos. La desnutrición infantil alcanzó niveles críticos en varios países, con miles de niñas y niños requiriendo tratamiento urgente.
A esto se sumaron brotes de enfermedades evitables y la falta de acceso a servicios básicos de salud, especialmente en zonas rurales o afectadas por la violencia, donde la presencia humanitaria fue muchas veces la única respuesta sanitaria disponible.

En distintas zonas de Medio Oriente y Asia, los conflictos armados y la inestabilidad política provocaron desplazamientos forzados a gran escala. Familias enteras quedaron atrapadas en campos improvisados o en tránsito permanente, con acceso limitado a agua potable, atención médica y protección.
La salud materna, la atención a la infancia y el tratamiento de enfermedades comunes se volvieron urgencias en contextos donde la violencia y la precariedad marcaron la vida cotidiana.

El Caribe volvió a enfrentar desastres naturales cada vez más intensos, con huracanes e inundaciones que destruyeron viviendas y sistemas de salud. Tras estos eventos, la atención médica de emergencia fue clave para tratar heridas, prevenir brotes de enfermedades y garantizar condiciones mínimas de higiene y atención.
El impacto del cambio climático se consolidó como un factor central de las crisis humanitarias, especialmente en regiones con infraestructura frágil.
Las imágenes captadas en el terreno durante 2025 no solo muestran tragedia. También reflejan resiliencia, trabajo médico cotidiano y comunidades que resisten en medio del colapso. Son registros del impacto real que tienen las guerras, el hambre y los desastres sobre personas concretas. Mientras muchas de estas crisis pierden visibilidad mediática, las necesidades humanitarias continúan creciendo. El acceso a la atención médica, a los alimentos y a la protección sigue siendo decisivo para sostener la vida y la dignidad de millones de personas.
