02/01/2026 - Edición Nº1060

Internacionales

Protesta cívica

No Kings: el lema que reaparece para marcar límites al poder

01/01/2026 | Desde carteles en marchas hasta consignas virales, la frase “No Kings” volvió a ocupar un lugar central en el debate público.



“No Kings” significa, literalmente, “sin reyes”. Pero en el lenguaje político contemporáneo funciona como algo más profundo: una advertencia ciudadana frente a cualquier forma de poder que busque colocarse por encima de la ley. El lema se apoya en una idea básica de la tradición republicana: en una democracia no hay figuras intocables ni liderazgos absolutos, incluso cuando surgen del voto popular.

De consigna histórica a reclamo actual

La expresión tiene raíces en la cultura política que se consolidó tras el rechazo a las monarquías absolutas. En ese origen, la consigna resumía una ruptura con la idea del gobernante por derecho divino. Hoy, el contexto es distinto, pero el mensaje se reactualiza: el peligro ya no es un rey coronado, sino líderes electos que concentran poder, debilitan controles institucionales o construyen un culto personal.

A diferencia de partidos u organizaciones, No Kings no tiene estructura formal, dirigentes ni afiliación. Funciona como un paraguas simbólico que reúne a personas de distintas ideologías bajo una preocupación común: que las democracias pierdan equilibrio. Por eso aparece en protestas diversas, desde marchas masivas hasta intervenciones artísticas, publicaciones en redes sociales o campañas ciudadanas.

¿Por qué se protesta en Estados Unidos si no hay reyes?

Aunque Estados Unidos no tiene monarquía, las manifestaciones con la consigna “No Kings” no hablan de reyes en sentido literal. El lema usa la figura del rey como metáfora del poder sin límites. Para quienes marchan, el riesgo no es una corona, sino la concentración excesiva de autoridad en una sola persona, incluso cuando llega al gobierno por el voto popular.

La consigna se apoya en una idea central de la tradición republicana estadounidense: nadie está por encima de la ley. Cuando una parte de la sociedad percibe gestos autoritarios, desprecio por los contrapesos institucionales o un liderazgo que se presenta como incuestionable, reaparece el recordatorio histórico que dio origen al país: en una república no se gobierna como un monarca.

Lejos de rechazar el sistema democrático, estas protestas se inscriben dentro de él. Para muchos manifestantes, “No Kings” es una forma de participación cívica que busca reafirmar reglas, límites y responsabilidades en el ejercicio del poder.


Manifestantes marchan con carteles que dicen “No Kings” durante una protesta cívica en Estados Unidos, en defensa de los límites al poder y el respeto por las instituciones democráticas.

Qué cuestiona el lema

Quienes lo usan suelen señalar prácticas que consideran riesgosas para el sistema democrático. Entre ellas, la concentración de poder en el Ejecutivo, el desprecio por los contrapesos institucionales, los ataques a la prensa crítica y la idea de que un líder encarna por sí solo la voluntad del pueblo. El lema no apunta solo a una persona, sino a una forma de ejercer el poder.

El resurgimiento de No Kings se da en un escenario global marcado por polarización, discursos confrontativos y liderazgos fuertes que prometen orden y soluciones rápidas. En ese contexto, la consigna funciona como recordatorio de que la democracia es un sistema de reglas, límites y responsabilidades, no una delegación ciega de poder.


La consigna “No Kings” aparece escrita sobre banderas y pancartas durante una jornada de protestas pacíficas en varias ciudades del país.

Parte de su fuerza está en su simplicidad. No Kings no necesita explicaciones complejas ni conocimientos políticos previos. Es una frase breve, directa y visualmente potente, capaz de transmitir una idea central: gobernar no es mandar sin límites. Esa claridad explica por qué se replica con facilidad y se adapta a distintos países y realidades.

Más que una protesta puntual

Para muchos, no es solo una reacción a coyunturas específicas, sino una expresión de vigilancia democrática permanente. Un mensaje que aparece cuando una parte de la sociedad siente que las reglas del juego están en riesgo y decide recordarlas en voz alta.

En tiempos de liderazgos intensos y debates encendidos, el lema vuelve a escena con una premisa que atraviesa siglos de historia política: el poder puede ser legítimo, pero nunca absoluto.