Bulgaria vivió este 1 de enero de 2026 una jornada histórica al adoptar oficialmente el euro como moneda legal, poniendo fin al uso del lev, su divisa nacional desde fines del siglo XIX. Con este paso, el país se convirtió en el vigésimo primer miembro de la eurozona, consolidando un proceso de integración económica que llevaba casi dos décadas en marcha.
El cambio fue recibido con celebraciones en distintas ciudades, especialmente en la capital, Sofía, donde edificios públicos se iluminaron con símbolos del euro y los festejos de Año Nuevo se mezclaron con el inicio de la nueva etapa monetaria. Para el Gobierno, la adopción del euro representa estabilidad, previsibilidad y una mayor inserción en el corazón económico del continente.

El ingreso a la moneda única es la culminación de un camino iniciado tras la adhesión de Bulgaria a la Unión Europea en 2007. Desde entonces, el país avanzó en reformas fiscales, control de la inflación y fortalecimiento financiero para cumplir con las condiciones exigidas. Durante años, el lev ya estaba atado al euro mediante un tipo de cambio fijo, lo que facilitó la transición formal.
En la práctica, el cambio comenzó a sentirse de inmediato. Cajeros automáticos y bancos empezaron a entregar euros, mientras que el lev seguirá circulando solo de manera transitoria durante enero, antes de ser retirado definitivamente. Comercios y servicios continúan mostrando precios en ambas monedas para ayudar a los consumidores a adaptarse y evitar confusiones en el corto plazo.

La adopción del euro trae beneficios concretos: elimina los costos de conversión, simplifica el comercio con otros países del bloque y refuerza la confianza de inversores y turistas. Además, Bulgaria pasa a tener representación directa en las decisiones de política monetaria junto al Banco Central Europeo, que define tasas de interés y estrategias financieras para toda la eurozona.
Sin embargo, el cambio no está exento de tensiones. Una parte significativa de la población observa el proceso con cautela, preocupada por posibles aumentos de precios en alimentos, servicios y alquileres. Para muchos ciudadanos, el lev no solo era una moneda, sino también un símbolo de identidad nacional y autonomía económica.
Con la salida definitiva del lev, que estuvo en circulación durante más de 140 años, Bulgaria cierra un capítulo central de su historia y abre otro profundamente ligado al proyecto europeo. El impacto real del euro en la vida cotidiana se medirá en los próximos meses, entre expectativas de crecimiento, desafíos sociales y la adaptación de millones de personas a una nueva forma de pagar, ahorrar y consumir.