11/01/2026 - Edición Nº1069

Internacionales

Rebelión civil

Las calles de Teherán desobedecen al ayatolá: qué cambió en Irán ahora

01/01/2026 | La caída de símbolos oficiales y el avance de las movilizaciones exponen el agotamiento del sistema teocrático frente a una sociedad que exige libertad.



Las protestas que recorren Irán desde hace varios días ya no pueden leerse como un estallido episódico ni como un reclamo sectorial. La magnitud, persistencia y radicalización de las movilizaciones muestran una ruptura más profunda: amplios sectores de la sociedad iraní dejaron de reconocer legitimidad al régimen teocrático que gobierna el país desde hace décadas.

Las imágenes de multitudes en distintas ciudades, enfrentando a las fuerzas de seguridad y atacando símbolos del poder, expresan un hartazgo acumulado. La quema de dependencias de la llamada policía de la moral y la caída de estatuas oficiales revelan un rechazo explícito a un sistema que combina control ideológico, represión cotidiana y un fracaso económico persistente.

Irán


Irán es una república islámica del golfo Pérsico (Arábigo) con sitios históricos que datan del Imperio Persa. 

Un régimen sin contrato social

La crisis económica fue el detonante inmediato. Inflación descontrolada, devaluación del rial y empobrecimiento acelerado empujaron a la población a la calle. Pero el conflicto no es solo material. La imposición del velo, la vigilancia sobre la vida privada y la ausencia de libertades políticas consolidaron la percepción de un Estado que gobierna contra su sociedad.

El régimen iraní sostiene su poder sobre una arquitectura coercitiva que incluye fuerzas de seguridad, tribunales religiosos y censura informativa. Cuando esa estructura es desafiada simultáneamente en distintos puntos del país, queda en evidencia la fragilidad de su control real. La represión, lejos de disuadir, alimenta la legitimidad de la protesta.

La caída de los símbolos

El derribo de estatuas y la destrucción de emblemas oficiales tiene un valor político claro. No se trata de vandalismo, sino de un gesto de desacralización del poder. Al atacar las representaciones del régimen, los manifestantes cuestionan la narrativa de autoridad moral que sostiene al sistema teocrático.

Este tipo de acciones marca un punto de no retorno. Una vez que los símbolos caen, la restauración del orden ya no depende solo de la fuerza, sino de una reconstrucción de legitimidad que el régimen parece incapaz de ofrecer.

Una sociedad que perdió el miedo

Las protestas actuales muestran a una sociedad que, pese al riesgo, decidió avanzar. Jóvenes, mujeres y trabajadores protagonizan una movilización que desafía directamente los pilares ideológicos del Estado. El miedo, herramienta central del control, empieza a erosionarse.

Irán enfrenta así una disyuntiva histórica. Persistir en la represión puede prolongar el conflicto y aislar aún más al país. Escuchar las demandas implicaría aceptar el fracaso del modelo teocrático. En ese dilema, las calles ya tomaron partido.

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