27/01/2026 - Edición Nº1085

Internacionales

Resistencia silenciosa

Rose Valland, la mujer que saboteó el saqueo nazi del arte desde adentro

02/01/2026 | Ignorada por los ocupantes alemanes, esta historiadora francesa documentó en secreto el mayor robo cultural de la Segunda Guerra Mundial.



El museo convertido en botín de guerra

Cuando las tropas alemanas ocuparon París en 1940, el Museo Jeu de Paume fue transformado en el centro operativo del saqueo de arte más grande de la historia europea. Por sus salas pasaron miles de obras robadas, en su mayoría pertenecientes a familias judías perseguidas por el régimen nazi. Allí se clasificaban, fotografiaban y enviaban pinturas y esculturas que luego terminarían en colecciones privadas, museos alemanes o depósitos ocultos.

En ese engranaje funcionarial, aparentemente controlado por completo por los ocupantes, permaneció Rose Valland, una historiadora del arte a la que los oficiales alemanes consideraban irrelevante. Callada, discreta y sin un cargo visible de poder, fue subestimada durante toda la ocupación. Ese desprecio fue, paradójicamente, la clave de su éxito.

Cuadernos, memoria y riesgo de muerte

Los nazis nunca advirtieron que Valland hablaba alemán con fluidez, que tenía una sólida formación académica y que conocía el funcionamiento interno del museo mejor que nadie. Por pedido del director francés, decidió quedarse en su puesto con una misión silenciosa pero precisa: observar, memorizar y registrar cada movimiento del saqueo. Mientras los oficiales alemanes conversaban libremente a su alrededor, ella retenía datos fundamentales sobre rutas ferroviarias, números de vagones, destinos de los envíos y lugares de almacenamiento.

Nada se escribía a la vista. Todo quedaba en su memoria y luego pasaba a cuadernos que escondía cuidadosamente. Sabía que, si esos registros eran descubiertos, la ejecución sería inmediata. Aun así, continuó durante cuatro años, incluso cuando presenció episodios devastadores como la quema de cientos de obras consideradas “arte degenerado”, firmadas por artistas modernos que el régimen buscaba borrar de la historia.


Los registros de Valland permitieron localizar y devolver alrededor de 45.000 piezas a sus legítimos dueños.

Uno de los visitantes más habituales del Jeu de Paume fue Hermann Göring, mano derecha de Adolf Hitler y uno de los principales beneficiarios del expolio. Visitó el museo más de veinte veces para seleccionar obras como trofeos personales. Valland estuvo a metros de él en cada ocasión, fingiendo tareas administrativas mientras registraba mentalmente cada palabra. Göring jamás sospechó que aquella mujer silenciosa sería clave para desmantelar la red que él mismo encabezaba.

El arte recuperado y una justicia tardía

En agosto de 1944, cuando las tropas alemanas comenzaban su retirada de París, Valland detectó un último intento desesperado: un convoy ferroviario con 148 cajas cargadas de obras maestras. Tenía los números exactos de los vagones y los destinos previstos. Transmitió la información a la Resistencia francesa, que logró interceptar el tren y salvar un patrimonio incalculable.


Rose Valland registró rutas ferroviarias, números de vagones y destinos para evitar su destrucción o desaparición definitiva.

Tras la liberación de la ciudad, Valland fue detenida brevemente bajo sospecha de colaboracionismo, simplemente por haber permanecido en su puesto durante la ocupación. Sus cuadernos demostraron lo contrario. Cuando los Aliados revisaron sus registros, descubrieron que contenían información detallada sobre más de 20.000 obras robadas, sus trayectos y sus destinos finales.

Durante los años siguientes trabajó activamente en Alemania en la localización y restitución del arte saqueado. Testificó en los juicios de Núremberg e incluso interrogó cara a cara a Göring, el hombre que la había ignorado durante años. Gracias a su labor se recuperaron alrededor de 60.000 obras, de las cuales 45.000 fueron devueltas a sus legítimos dueños.

Para Valland, la tarea nunca fue solo artística. “No estábamos restaurando cuadros”, dijo alguna vez. “Estábamos restaurando familias.” Su historia demuestra que la resistencia no siempre se expresa con armas o explosiones. A veces adopta la forma de una mujer sentada en un escritorio, escuchando, anotando y esperando el momento justo para que la verdad salga a la luz.