La nueva ola de protestas en Irán ha reactivado un actor que durante años permaneció en los márgenes del tablero internacional: Reza Pahlavi. Su intervención pública, respaldada explícitamente por el presidente estadounidense Donald Trump, introduce un elemento de presión externa que el régimen de Teherán no puede ignorar y que devuelve centralidad a la oposición iraní en el exilio.
El mensaje de Trump —advirtiendo que Estados Unidos no permanecerá pasivo si el régimen reprime violentamente a manifestantes pacíficos— opera como un factor disuasivo. En un contexto donde la violencia estatal ha sido históricamente utilizada para sofocar protestas, la señal estadounidense fortalece a la sociedad civil iraní y eleva el costo internacional de una represión masiva.
A diferencia de otros liderazgos opositores fragmentados, Reza Pahlavi aparece como una figura con capacidad de articulación simbólica. Sin estructuras armadas ni facciones territoriales, su rol se centra en la construcción de un horizonte político alternativo al régimen islámico, apelando a la unidad nacional y a una transición democrática.
Su agradecimiento público a Trump no debe leerse como subordinación, sino como una estrategia de legitimación internacional. Pahlavi entiende que cualquier proceso de cambio en Irán necesita romper el aislamiento informativo y político impuesto por el régimen, y que el respaldo externo cumple una función clave en ese objetivo.
“If Iran shots and violently kills peaceful protesters, which is their custom, the United States of America will come to their rescue. We are locked and loaded and ready to go. Thank you for your attention to this matter!” - President DONALD J. TRUMP pic.twitter.com/ctNbfJD9jv
— The White House (@WhiteHouse) January 2, 2026
La postura de Trump refuerza una lógica que ha mostrado efectividad histórica: los regímenes autoritarios son más vulnerables cuando la presión interna coincide con advertencias externas claras. Al colocar límites explícitos al uso de la fuerza, Washington introduce un elemento de cálculo que condiciona a Teherán.
Lejos de promover una intervención directa, el mensaje estadounidense busca establecer líneas rojas. Esa combinación de apoyo retórico y disuasión estratégica reduce el margen de maniobra del régimen sin escalar automáticamente a un conflicto militar.
President Trump, thank you for your strong leadership and support of my compatriots. This warning you have issued to the criminal leaders of the Islamic Republic gives my people greater strength and hope—hope that, at last, a President of the United States is standing firmly by… https://t.co/1H12Z77uCE pic.twitter.com/G3TyrkJTy6
— Reza Pahlavi (@PahlaviReza) January 2, 2026
La convergencia entre Reza Pahlavi y Trump reconfigura el escenario iraní. Por primera vez en años, las protestas internas no aparecen aisladas, sino conectadas con un respaldo político internacional explícito. Esto no garantiza un cambio inmediato, pero sí modifica la relación de fuerzas.
هممیهنانم،
— Reza Pahlavi (@PahlaviReza) January 2, 2026
امروز میخواهم تصویر روشنتری از آنچه برای به زیر کشیدن این رژیم لازم و ضروری است، با شما در میان بگذارم. سخن من به ویژه با مردم تهران است که با شجاعت خود، دور تازه خیزش ملی را آغاز کردند.
جمهوری اسلامی میکوشد از شکلگیری تجمعات در تهران جلوگیری کند؛ زیرا بهخوبی… pic.twitter.com/VpUtl4YmzI
Para el régimen, el desafío es doble: enfrentar el descontento social creciente y hacerlo bajo la mirada atenta de actores internacionales dispuestos a elevar el costo de la represión. Para la oposición, la oportunidad es clara: transformar la presión externa en un proceso político ordenado que devuelva a Irán un horizonte de normalidad institucional.