31/01/2026 - Edición Nº1089

Internacionales

Balance clave

México baja los homicidios, pero un dato del mapa criminal enciende alarmas

06/01/2026 | El Gobierno celebra la caída de los homicidios, pero el mapa criminal revela tensiones que siguen abiertas.



México cerró 2025 con una reducción relevante de los homicidios dolosos, un dato que el Gobierno presentó como uno de los principales logros de su estrategia de seguridad. La cifra marca un quiebre respecto de los años más violentos de la última década y ofrece un respiro estadístico en un país donde la violencia letal se había normalizado como parte del paisaje cotidiano.

El descenso, sin embargo, no se produce en el vacío. Llega tras años de operativos federales, reacomodos criminales y una presión constante de la opinión pública. La baja de homicidios convive con una percepción social de inseguridad que apenas se mueve, una señal de que los números no alcanzan por sí solos para modificar la experiencia diaria en calles y barrios.

México 


México, oficialmente los Estados Unidos Mexicanos, es un país de América del Norte.

La lógica detrás de la caída

Uno de los factores centrales del descenso es la transformación del patrón de violencia. En varias regiones, los grupos criminales redujeron los enfrentamientos abiertos y privilegiaron esquemas de control territorial menos visibles. Menos choques armados no implican menos poder criminal, sino una administración más silenciosa del negocio ilícito.

A esto se suma una mayor coordinación entre fuerzas federales y estatales, junto con detenciones selectivas de líderes y operadores clave. El efecto es real sobre la estadística de homicidios, pero limitado sobre otros delitos. Extorsiones, desapariciones y amenazas siguen siendo parte del entramado que sostiene la economía criminal en amplias zonas del país.

Escenarios y riesgos abiertos

El principal riesgo es leer la caída como un punto de llegada y no como una fase frágil. Sin reformas profundas en fiscalías, policías locales y sistemas judiciales, la reducción puede convertirse en un paréntesis. La experiencia regional muestra que los descensos basados solo en contención suelen revertirse cuando cambian los equilibrios entre grupos armados.

El desafío de fondo es político y estructural. Consolidar la tendencia exige sostener la presión estatal sin convertir la estadística en propaganda. Si la baja no se traduce en mejoras palpables para la ciudadanía, el capital político del dato se erosionará rápido. La pregunta ya no es si los homicidios pueden bajar, sino si esa baja puede transformarse en seguridad duradera.