Bogotá es una ciudad que se transforma sin pausa, empujada por la expansión inmobiliaria, la presión demográfica y decisiones urbanas que rara vez se detienen a mirar el impacto cotidiano. En ese contexto acelerado, un grupo de dibujantes decidió hacer lo contrario: sentarse, observar y registrar lo que sucede en la calle. Su herramienta no es la cámara ni el dron, sino el cuaderno, un soporte lento que obliga a mirar con atención y a permanecer en el lugar.
El gesto puede parecer menor, pero encierra una toma de posición. Mientras miles de imágenes digitales se producen y se pierden a diario, el dibujo in situ busca fijar un instante urbano antes de que desaparezca. Fachadas en obra, barrios en transición, espacios públicos tensionados por el uso intensivo quedan plasmados como escenas vividas, no como proyecciones ideales. El resultado es una forma alternativa de narrar la ciudad desde la experiencia directa.
El trabajo de Urban Sketchers Bogotá se inscribe en un movimiento global que promueve el dibujo en el lugar como forma de contar la vida urbana. En la capital colombiana, esa práctica adquiere una densidad particular: documentar una ciudad donde el cambio suele adelantarse a la reflexión colectiva. Cada encuentro del grupo se convierte en un ejercicio de observación compartida y en una forma de apropiación simbólica del espacio público.
Los cuadernos reúnen escenas que rara vez protagonizan el relato oficial del desarrollo urbano. No hay monumentos idealizados ni vistas panorámicas pensadas para el turismo, sino esquinas comunes, estaciones saturadas, mercados barriales y edificaciones a punto de ser reemplazadas. Sin consignas explícitas, el dibujo expone las consecuencias concretas del crecimiento desigual y vuelve visible aquello que suele quedar fuera de los planes y maquetas.
🎂🖌️🎨 ¡86 años del edificio de la #BibliotecaNacional!
— Biblioteca Nacional de Colombia (@BibliotecaNalCo) July 20, 2024
Con un taller y un maratón de dibujo, junto a Urban Sketchers Bogotá, celebramos este hito de la arquitectura desde el que cuidamos el patrimonio bibliográfico y documental del país.#CuidamoslaMemoria pic.twitter.com/dt0tGaB4YT
Más allá del valor artístico, estos registros funcionan como memoria urbana desde abajo. A diferencia de los informes técnicos o los anuncios institucionales, los dibujos capturan cómo se vive la ciudad en un momento específico, con sus tensiones, improvisaciones y contrastes. Con el paso del tiempo, esos cuadernos permitirán reconstruir no solo cómo era Bogotá, sino cómo se experimentaba caminarla en medio de procesos de cambio acelerado.

En una ciudad donde el desarrollo suele presentarse como inevitable, el dibujo introduce una pausa crítica. No detiene las transformaciones ni ofrece soluciones urbanísticas, pero obliga a mirar con mayor atención. Al hacerlo, plantea una pregunta de fondo sobre quién decide la forma de la ciudad y quién queda al margen de esas decisiones. En ese sentido, dibujar también es una forma silenciosa de intervenir en el debate urbano.