07/01/2026 - Edición Nº1065

Internacionales

Historia

La mujer que sostuvo a Benito Juárez sin cargo ni actos oficiales: quién fue

04/01/2026 | Su influencia no se ejerció desde el Estado, sino desde la resistencia cotidiana que sostuvo al proyecto republicano.



La figura de Margarita Maza Parada obliga a repensar qué entendemos por acción política en el siglo XIX mexicano. En una época en la que el poder formal estaba estrictamente reservado a los hombres, su intervención se desplegó en un terreno menos visible pero no menos decisivo: el de la gestión privada de lo público, donde se cruzaban familia, diplomacia, moral y legitimidad.

Su papel durante los años de itinerancia del gobierno republicano fue central para mantener una imagen de continuidad institucional. Mientras el presidente y su gabinete se desplazaban bajo presión militar, Margarita garantizaba estabilidad simbólica: la República seguía existiendo porque su núcleo social no se desintegraba. Esa función, a menudo subestimada, fue clave para preservar apoyos internos y externos.

México 


México, oficialmente los Estados Unidos Mexicanos, es un país de América del Norte.

Estabilidad simbólica y poder no institucional

Las cartas que intercambió con su entorno muestran una mujer plenamente consciente del momento histórico que atravesaba. No se limitaba a describir penurias personales, sino que analizaba escenarios, anticipaba reacciones y comprendía el impacto político de cada derrota o victoria parcial. Su pensamiento se alineaba con el liberalismo republicano, pero sin dogmatismo, entendiendo que la supervivencia del Estado exigía flexibilidad estratégica.

En contraste con otras primeras damas de la región, Margarita no buscó construir una imagen pública propia ni intervenir de manera explícita en ceremonias o espacios institucionales. Su autoridad se afirmaba en lo íntimo, donde se tomaban decisiones cruciales para la cohesión del proyecto juarista. Esa elección no fue pasividad, sino una forma deliberada de ejercer influencia sin exponerse al desgaste político.


Margarita Maza ejerció poder político desde lo privado, sosteniendo al proyecto liberal en su etapa más frágil.

Influencia íntima y disciplina política

La Restauración de la República en 1867 consolidó el triunfo militar e institucional del liberalismo, pero también marcó el inicio de un nuevo tipo de exclusión. Las mujeres que habían sostenido la causa quedaron nuevamente relegadas al margen del relato oficial. Margarita aceptó ese lugar con coherencia personal, aunque su aporte fue indispensable para que ese triunfo fuera posible.

Su muerte en 1871 cerró una vida atravesada por la política sin haber ocupado jamás un cargo. Ese dato, lejos de disminuir su relevancia, la convierte en un caso paradigmático de poder no institucional, ejercido desde la constancia, la lealtad ideológica y la capacidad de leer el tiempo histórico.


Sin cargos ni visibilidad pública, fue clave para la continuidad simbólica y moral de la República.

Memoria, exclusión y legado político

Revisar su trayectoria no es solo un acto de justicia biográfica. Es también una invitación a ampliar la mirada sobre cómo se construyen los procesos políticos, quiénes los sostienen en los momentos de mayor fragilidad y por qué ciertos aportes quedan sistemáticamente invisibilizados. Margarita Maza Parada no fue una figura accesoria: fue una condición de posibilidad del triunfo republicano.