El 5 de enero de 1914, la Ford Motor Company anunció una medida que alteró el equilibrio industrial de su tiempo: la reducción de la jornada laboral a ocho horas y el establecimiento de un salario mínimo diario de cinco dólares para parte de su plantilla. En un contexto de expansión acelerada de la producción en serie, la decisión tuvo efectos que trascendieron ampliamente los límites de la empresa.
La industria automotriz estadounidense atravesaba entonces un proceso de transformación profunda. La introducción de la línea de montaje había elevado la productividad, pero también incrementado la fatiga y la rotación de trabajadores. En algunas plantas, el recambio anual de personal superaba ampliamente la dotación total, generando costos y tensiones constantes.
La medida de Ford no respondió únicamente a una lógica social. La reducción de horas y el aumento salarial formaban parte de una estrategia empresarial orientada a estabilizar la fuerza laboral, reducir el ausentismo y maximizar el rendimiento de un sistema productivo cada vez más mecanizado. La jornada de ocho horas permitió además organizar turnos múltiples y extender el uso continuo de la maquinaria.
El aumento salarial fue acompañado por mecanismos de control inéditos. A través de su Departamento de Sociología, la empresa evaluaba la conducta personal de los trabajadores, desde hábitos de consumo hasta condiciones de vida, estableciendo criterios de elegibilidad que vinculaban salario y disciplina social.
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— Ford Motor Company (@Ford) September 10, 2025
Aunque el anuncio generó impacto internacional y largas filas de postulantes, no constituyó el origen de la jornada laboral de ocho horas como derecho general. Movimientos obreros, sindicatos y legislaciones previas ya habían impulsado ese reclamo en distintos países. El caso Ford funcionó como un precedente empresarial de alto perfil, no como una conquista laboral universal.
Sin embargo, el efecto demostración fue significativo. La combinación de salarios más altos y menor jornada fortaleció el poder adquisitivo de los trabajadores, integrándolos al mercado de consumo masivo. El obrero industrial pasó a ser también consumidor, una transformación clave del capitalismo del siglo XX.
The Model T didn't change the world on its own. The assembly line made them accessible to everyone. 122 years later, @Ford isn't just making another vehicle. We're reinventing how vehicles are assembled. Learn more here: https://t.co/YPxsP7Zaji pic.twitter.com/mWrRy7FtVX
— Jim Farley (@jimfarley98) August 11, 2025
A más de un siglo del anuncio, la decisión de Ford sigue siendo objeto de interpretaciones contrapuestas. Para algunos, representó un avance en las condiciones laborales; para otros, un mecanismo sofisticado de control social y eficiencia productiva. En cualquier caso, marcó un punto de inflexión en la organización del trabajo industrial moderno.