Tras las explosiones registradas en Caracas durante la madrugada del 3 de enero, el gobierno de Nicolás Maduro difundió un extenso comunicado en el que denunció una supuesta agresión militar de Estados Unidos contra territorio venezolano. El texto, cargado de referencias históricas y retórica antiimperialista, fue acompañado por la declaración del estado de conmoción exterior y un llamado a la movilización popular.
Sin embargo, la narrativa oficial contrasta con la información verificada disponible. Las principales agencias internacionales confirmaron detonaciones y actividad aérea inusual en sectores de la capital, pero ninguna respaldó la versión de ataques coordinados por fuerzas estadounidenses ni identificó blancos civiles o militares alcanzados de forma comprobable.
El comunicado invoca artículos de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho a la legítima defensa, pero omite presentar pruebas técnicas, imágenes satelitales, reportes periciales o datos verificables que sustenten la acusación de una agresión militar extranjera. En lugar de información concreta, el texto recurre a consignas ideológicas y paralelismos históricos que buscan cohesionar políticamente a su base interna.
La apelación a figuras como Simón Bolívar y Hugo Chávez refuerza una lógica discursiva conocida: transformar un episodio confuso en un relato épico de resistencia nacional. Ese recurso, recurrente en momentos de crisis, desplaza el foco de la explicación factual hacia la movilización política.
Atención: Después de más de una hora, el gobierno de Maduro confirma ataques y declara estado de conmoción en el país. pic.twitter.com/1YpQ4Ap79Y
— Gabriela Gonzalez (@GabyGabyGG) January 3, 2026
La decisión de decretar conmoción exterior amplía las facultades del Ejecutivo y restringe garantías en un país que ya opera bajo condiciones excepcionales desde hace años. Más que una respuesta proporcional a hechos confirmados, la medida parece orientada a consolidar el control interno frente a un escenario de incertidumbre.
Lejos de tranquilizar a la población, el decreto profundiza la percepción de fragilidad institucional. Declarar una agresión internacional sin pruebas independientes expone al Estado venezolano a un descrédito adicional en el plano externo y a una mayor desconfianza interna.
BREAKING:
— Visegrád 24 (@visegrad24) January 3, 2026
U.S. helicopters are POUNDING the Venezuelan military complex Fuerte Tiuna in Caracas pic.twitter.com/l9jblj2O5a
El episodio se inscribe en un patrón histórico del chavismo: ante situaciones críticas, el gobierno prioriza la construcción de un enemigo externo antes que la rendición de cuentas. La falta de transparencia sobre lo ocurrido en Caracas —qué explotó, dónde y por qué— sigue sin respuesta oficial clara.
Mientras persista la brecha entre discurso y hechos verificables, el comunicado de Caracas funcionará más como herramienta de propaganda que como documento creíble ante la comunidad internacional.