Durante más de una década, Venezuela acumuló un sistema de represión sostenido que tuvo como uno de sus pilares la detención de opositores, activistas, militares disidentes y ciudadanos comunes. Organizaciones de derechos humanos estiman que, a comienzos de 2026, el país mantenía entre 900 y 1.000 presos políticos, muchos de ellos sin condena firme, sometidos a procesos judiciales irregulares y privados de garantías básicas.
Según registros de organizaciones como Foro Penal y Justicia, Encuentro y Perdón, las detenciones se intensificaron tras ciclos electorales, protestas sociales y conflictos internos dentro de las fuerzas armadas. En ese contexto, la prisión se convirtió en una herramienta de control político, más que en un mecanismo de justicia.
Los presos políticos venezolanos incluyen dirigentes opositores, periodistas, estudiantes, defensores de derechos humanos y militares acusados de conspiración. Muchos permanecieron años en prisión preventiva, enfrentaron tribunales militares pese a ser civiles y denunciaron torturas, incomunicación y condiciones inhumanas de detención.
El régimen negó sistemáticamente la existencia de presos políticos, pero aceptó liberaciones selectivas bajo presión internacional, confirmando de hecho la naturaleza política de muchas detenciones. Estas excarcelaciones parciales nunca alteraron el núcleo del sistema represivo.
La captura de Nicolás Maduro durante la operación internacional de enero marca un punto de inflexión. Más allá de su dimensión geopolítica, la remoción del principal vértice del poder elimina el elemento central que sostuvo la lógica de persecución y encarcelamiento arbitrario.
Sin el liderazgo que coordinaba y legitimaba la represión, se abre una ventana concreta para revisar causas, anular procesos viciados y avanzar hacia la liberación masiva de presos políticos. La estructura que utilizó la justicia como brazo político queda severamente debilitada.
Biagio Pilieri cumple 16 meses detenido injustamente. Su salud se deteriora sin atención médica: hipertensión, fibromialgia activa, problemas gastrointestinales y complicaciones odontológicas. Desde Un Mundo Sin Mordaza exigimos atención médica, acceso a su defensa y su libertad pic.twitter.com/yUzDAoCP3w
— Un Mundo Sin Mordaza (@Sinmordaza) December 28, 2025
La liberación de los presos políticos será una de las primeras pruebas de cualquier transición venezolana. No se trata solo de abrir las cárceles, sino de restituir derechos, investigar abusos y ofrecer reparación a quienes fueron privados de libertad de manera injusta.
La comunidad internacional, que durante años documentó estas violaciones, tiene ahora la posibilidad de acompañar un proceso de excarcelación supervisado y verificable. Para cientos de familias, la caída del régimen representa la posibilidad concreta de cerrar años de persecución.
A MADURO SOLO LE QUEDA REPRIMIR.
— Realidad Helicoide (@RHelicoide) December 21, 2025
Hay un punto en el que el poder deja de tener control y empieza a tener miedo.
El régimen de Maduro ya no reprime para sostenerse, reprime para no derrumbarse. Cada detención sin juicio, cada orden de captura, cada crimen impune no habla de… pic.twitter.com/RxEMq5IgJU
La eventual liberación de los presos políticos simbolizaría el cierre de una etapa oscura de la historia venezolana. La captura de Maduro no resuelve por sí sola la crisis, pero abre el camino para desmantelar uno de los mecanismos más crueles del régimen: la cárcel como castigo a la disidencia.