La captura de Nicolás Maduro tras los bombardeos selectivos ejecutados por Estados Unidos desató una ola inmediata de reacciones en América Latina y el mundo. El episodio marcó un punto de inflexión regional y expuso una fractura clara entre quienes priorizan la soberanía formal y quienes respaldan una acción directa frente a un régimen señalado por autoritarismo y criminalización del Estado.
Desde Washington y entre sus aliados más cercanos, la operación fue interpretada como un golpe necesario y largamente postergado. El argumento central es que la intervención apuntó a desmantelar un sistema que utilizó la violencia, la prisión política y el control de economías ilícitas como mecanismos de poder, con impacto más allá de las fronteras venezolanas.
Gobiernos alineados con Estados Unidos y líderes críticos del chavismo expresaron su apoyo al desenlace de la operación. El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, sostuvo que la estructura del narcotráfico vinculada al chavismo comenzó a caer en todo el continente, y llamó al pueblo venezolano a recuperar su país con apoyo regional.
En Argentina, el presidente Javier Milei celebró el acontecimiento con un mensaje escueto pero elocuente, interpretado como un respaldo al fin del régimen. Para estos actores, la caída de Maduro representa una oportunidad para restaurar libertades políticas y frenar redes criminales con alcance continental.
A todos los criminales narco chavistas les llega su hora. Su estructura terminará de caer en todo el continente.
— Daniel Noboa Azin (@DanielNoboaOk) January 3, 2026
A @MariaCorinaYA @EdmundoGU y al pueblo venezolano: es momento de recuperar su país. Tienen un aliado en Ecuador.
En el otro extremo, gobiernos como los de Brasil, México, Colombia y Chile condenaron los bombardeos y la captura, invocando principios de soberanía y derecho internacional. Sin embargo, para los defensores de la operación, esas posiciones reflejan los límites de un multilateralismo que durante años fue incapaz de alterar la realidad venezolana.
La insistencia en el diálogo y la no intervención convivió con la persistencia de presos políticos, el colapso económico y la migración masiva. En ese contexto, la acción militar aparece, para sus defensores, como el recurso final ante el fracaso de sanciones, mediaciones y exhortaciones diplomáticas.
El Artículo 2, párrafo 4 de la Carta de las Naciones Unidas dice textualmente:
— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) January 3, 2026
“Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de…
Más allá del debate jurídico, el impacto concreto de la operación es innegable: el liderazgo del régimen fue removido en cuestión de horas. A diferencia de intervenciones prolongadas del pasado, el operativo se concentró en objetivos estratégicos, evitó una guerra abierta y aceleró un desenlace político que parecía bloqueado.
Para Washington, el bombardeo selectivo y la captura de Maduro envían un mensaje claro: cuando un régimen cruza ciertos umbrales, la respuesta puede ser directa. Para la región, el episodio reabre el debate sobre hasta dónde debe llegar la tolerancia frente a sistemas que, bajo la cobertura de la soberanía, consolidan prácticas autoritarias.
Como Gobierno de Chile expresamos nuestra preocupación y condena por las acciones militares de Estados Unidos que se desarrollan en Venezuela y hacemos un llamado a buscar una salida pacífica a la grave crisis que afecta al país.
— Gabriel Boric Font (@GabrielBoric) January 3, 2026
Chile reafirma su adhesión a principios básicos…
El respaldo al bombardeo no se basa únicamente en afinidades ideológicas, sino en una lectura pragmática del resultado. Con el régimen descabezado, se abre la posibilidad de una transición y de la liberación de presos políticos, uno de los principales reclamos humanitarios de los últimos años.
En un continente dividido, la operación en Venezuela redefine el equilibrio entre legalidad, eficacia y responsabilidad internacional. Para quienes la apoyan, el bombardeo no fue un exceso, sino el punto final de una inacción prolongada.