La crisis en Venezuela y la detención del presidente Nicolás Maduro no solo sacudieron el tablero geopolítico regional, sino que también expusieron con crudeza dos modelos antagónicos de política exterior en la Argentina. Las reacciones del ministro del Interior, Diego Santilli, y del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, cristalizaron esa grieta conceptual con una proyección política que ya apunta a 2027.
Mientras el Gobierno nacional celebró la intervención militar de Estados Unidos y la definió como una “excelente noticia para el mundo libre”, desde la Provincia de Buenos Aires se expresó una condena explícita basada en el Derecho Internacional, la no intervención y la defensa de la soberanía. Dos tradiciones, dos lenguajes y dos proyectos de poder.
Santilli fue uno de los funcionarios más exultantes y activos en redes sociales tras conocerse la noticia. Luego de varios días sin actividad pública -sin mensajes institucionales ni posteos por las fiestas de fin de año- reapareció con una secuencia de publicaciones de tono celebratorio y confrontativo.
“Chau Maduro. Chau narcodictador. Ganó la libertad”, escribió minutos después de conocerse la detención. Más tarde reforzó el mensaje con otra consigna: “Siempre del lado correcto de la historia”. En un tercer posteo, cargó directamente contra el kirchnerismo: “Durante años el gobierno kirchnerista defendió y forzó a nuestro país a una alianza con la narcodictadura venezolana”.
CHAU MADURO
— Diego Santilli (@diegosantilli) January 3, 2026
CHAU NARCODICTADOR
GANÓ LA LIBERTAD pic.twitter.com/I4w4vR25pL
El ministro acompañó sus mensajes con gestos simbólicos de alto impacto: compartió una imagen del presidente Javier Milei junto a Donald Trump, como señal explícita de alineamiento internacional, y difundió un video grabado en Venezuela donde se observa cómo se desprende una lona con la imagen de Maduro mientras personas en la calle celebran.
“Poco importa si la foto es real o no, es la imagen que esperamos durante años. Se terminó”, escribió, dejando en claro que para su lectura política el valor simbólico del hecho prevalece sobre cualquier discusión jurídica o diplomática.
La confrontación escaló aún más cuando Santilli reaccionó directamente a los dichos de Kicillof. Al citar un mensaje del gobernador, lanzó una acusación sin matices: “Siempre del lado de los dictadores, delincuentes y narcotraficantes. El año que viene vamos a liberar también a la Provincia de Buenos Aires”.
Con esa frase, el ministro trasladó definitivamente el debate internacional al terreno de la disputa bonaerense, explicitando una proyección electoral y un antagonismo directo con el actual poder provincial.
En el extremo opuesto se ubicó Axel Kicillof, que fijó una posición institucional y conceptual claramente diferenciada. En su mensaje público, el gobernador sostuvo: “La Provincia de Buenos Aires condena el accionar militar de Estados Unidos en Venezuela. Este hecho constituye una grave violación de los principios elementales del Derecho Internacional, altera la estabilidad regional y sienta un peligroso precedente”.
Kicillof fue más allá de una condena genérica y detalló el encuadre jurídico de su postura: “Estas acciones vulneran la Carta de las Naciones Unidas y la Carta de la OEA, desconocen el principio de no intervención y contradicen doctrinas históricas promovidas por la Argentina, como la Doctrina Drago y la Doctrina Calvo”.
La Provincia de Buenos Aires condena el accionar militar de Estados Unidos en Venezuela. Este hecho constituye una grave violación de los principios elementales del Derecho Internacional, altera la estabilidad regional y sienta un peligroso precedente.
— Axel Kicillof (@Kicillofok) January 3, 2026
Estas acciones vulneran…
En otro tramo de su declaración, reivindicó la tradición diplomática nacional y marcó una línea política de largo plazo: “Argentina tiene una larga tradición en el diálogo internacional y en la defensa de la soberanía y la integridad territorial, en la prohibición del uso de la fuerza y en la solución pacífica de las controversias”.
El gobernador cerró su posicionamiento con una definición que funciona también como crítica indirecta al alineamiento del Gobierno nacional: “Los principios de defensa de la paz, de no intervención y defensa de la soberanía deben estar por encima de la conveniencia económica”.
El contraste entre Santilli y Kicillof excede largamente el caso venezolano. Expresa dos modelos de inserción internacional y, al mismo tiempo, dos proyectos políticos enfrentados en la Argentina y en la Provincia de Buenos Aires.
De un lado, el alineamiento explícito con Estados Unidos, la validación de la intervención militar y una narrativa de confrontación ideológica. Del otro, la apelación al Derecho Internacional, la soberanía y la tradición diplomática argentina como ejes de política exterior.
Con el cruce ya explicitado y la campaña bonaerense en el horizonte, la crisis en Venezuela dejó algo más que definiciones internacionales: anticipó una pelea política que promete escalar, donde la política exterior se convirtió en un nuevo campo de batalla interno.