La declaración del presidente Donald Trump sobre la captura de Nicolás Maduro marcó un punto de quiebre en la política hemisférica. En un mensaje público seguido por una conferencia de prensa, el mandatario confirmó que Estados Unidos ejecutó una operación militar de gran escala que culminó con la detención del líder chavista y su traslado fuera de Venezuela.
Trump presentó la acción como el resultado de una decisión largamente postergada. Según explicó, su gobierno actuó ante la persistente negativa del régimen venezolano a aceptar una salida negociada y frente a evidencias acumuladas de violaciones a los derechos humanos, corrupción sistémica y vínculos con redes criminales transnacionales.
El presidente estadounidense describió el operativo como preciso y eficaz. Aseguró que las fuerzas estadounidenses neutralizaron objetivos estratégicos clave, evitaron una guerra prolongada y lograron la captura del principal responsable del colapso institucional venezolano sin bajas propias.
Trump sostuvo que la intervención respondió a criterios de seguridad regional. En su discurso, vinculó al régimen de Maduro con el narcotráfico, el terrorismo y la inestabilidad que empujó a millones de venezolanos al exilio. Para Washington, dejar intacta esa estructura representaba un riesgo creciente para el continente.
🇺🇸🇻🇪 | HISTÓRICO — Donald Trump sobre Venezuela:
— Agustín Antonetti (@agusantonetti) January 3, 2026
"Vamos a gobernar el país hasta que podamos realizar una transición a la democracia segura y adecuada”.pic.twitter.com/1n3cpUgFdh
Uno de los puntos centrales de la declaración fue el futuro inmediato de Venezuela. Trump señaló que Estados Unidos acompañará una transición “segura y ordenada” hasta que se restablezca un gobierno legítimo. Lejos de plantear una ocupación indefinida, el presidente habló de administración temporal y cooperación internacional.
El mandatario remarcó que la captura de Maduro abre la posibilidad de liberar a presos políticos, restaurar libertades civiles y permitir el regreso de venezolanos que huyeron de la crisis. En su visión, la operación no fue un fin en sí mismo, sino el inicio de una reconstrucción institucional.
La declaración también tuvo un destinatario externo. Trump envió una señal a otros regímenes acusados de combinar autoritarismo y crimen organizado: la soberanía no puede ser utilizada como escudo para violar derechos y desestabilizar regiones enteras.
Para los aliados de Estados Unidos, la captura de Maduro confirma una doctrina de acción directa frente al fracaso de sanciones, mediaciones y presiones diplomáticas. Para sus críticos, abre un debate jurídico. Para Washington, en cambio, el balance es claro: la inacción tenía un costo mayor.
The president offered multiple off ramps, but was very clear throughout this process: the drug trafficking must stop, and the stolen oil must be returned to the United States. Maduro is the newest person to find out that President Trump means what he says.
— JD Vance (@JDVance) January 3, 2026
Kudos to our brave… pic.twitter.com/b1fqkdbB4x
Al confirmar la captura de Maduro, Trump se posicionó como el presidente que puso fin a uno de los regímenes más cuestionados del hemisferio. La operación redefine el rol de Estados Unidos en América Latina y abre una etapa de redefinición política en Venezuela.
En la narrativa de la Casa Blanca, la intervención no fue una ruptura arbitraria del orden internacional, sino una respuesta excepcional a una situación excepcional. El tiempo dirá si la transición consolida esa apuesta, pero el punto de inflexión ya está marcado.