Peter Grance, el defensor formoseño de 26 años, formado en Boca Juniors y con pasado en la selección Sub-20, firmó con Los Andes para disputar la Primera Nacional. Su vida es un testimonio de lucha contra los prejuicios: "Si me dicen que por tener una sola mano no puedo jugar, no les doy pelota", aseguró.
El fútbol, más allá de los resultados y las tácticas, es un terreno fértil para las historias de vida que inspiran. Una de las más conmovedoras en este mercado de pases de la Primera Nacional la protagoniza Peter Iván Martínez Grance, la flamante incorporación de Los Andes.
A primera vista, es un lateral izquierdo aguerrido y técnico que llega para sumar jerarquía al equipo. Pero detrás del jugador hay un relato de superación personal que desafía los límites: Grance nació sin su mano izquierda, una condición que jamás le impidió perseguir y alcanzar su sueño de ser profesional.
Nacido en Pilcomayo, Formosa, el 16 de diciembre de 1999, su historia comenzó con una particularidad biológica. Durante el embarazo, su mano izquierda quedó adherida al vientre materno, impidiendo su desarrollo.
"A mi mamá le dijeron que si me dejaban así no iba a haber ningún problema ni iba a tomar ningún riesgo", relató el jugador en una entrevista. Desde entonces, convivió con esa realidad, transformando lo que para otros podría ser una limitación en un motor de fortaleza.

Desde muy joven, Peter tuvo en claro que su capacidad no se medía por la cantidad de dedos, sino por su talento y su entrega. "No tengo problemas para nada: ni para marcar, ni para saltar a cabecear, ni para pasar al ataque. Siento que lo hago muy bien", declaraba con apenas 18 años, mostrando una madurez inusual.
Su mensaje siempre fue contundente frente a las miradas ajenas: "Yo sé lo que puedo hacer. Si me dicen que por tener una sola mano no puedo jugar, no les doy pelota". Esta mentalidad de acero lo llevó a rechazar incluso propuestas que buscaban "normalizar" su situación física. Durante su etapa en las inferiores de Boca Juniors, el club le ofreció una prótesis, pero su respuesta fue tajante: "Me quisieron poner una prótesis en Boca y yo me negué, si me tomaron así".
La carrera de Grance despegó tras mudarse a Tigre siendo un niño. Su pasión por la pelota era innegociable: "Vivía con la pelota en los pies. Aunque fueran las tres de la tarde e hicieran 40 grados, yo estaba abajo de los rayos del sol pateando", recuerda sobre sus días en el club Juventud de Tigre.
En 2011, su vida cambió cuando el captador de talentos Diego Mazzilli lo vio en una prueba.
Tras tres semanas, quedó confirmado en las inferiores de Boca, donde compartió plantel con figuras como Marcelo Weigandt, Mateo Retegui, Manuel Roffo, Agustín Obando y Aaron Molinas. Llegó hasta la Reserva y tuvo pasos por la selección argentina Sub-20, demostrando que su nivel estaba a la altura de los mejores de su categoría.

Tras quedar libre del Xeneize a fines de 2020, Grance comenzó a construir su nombre en el fútbol de ascenso. Su debut profesional se dio en Sacachispas el 21 de marzo de 2021, bajo la dirección técnica de Eduardo Pizzo -un histórico de Los Andes-, ingresando en un partido ante Villa San Carlos. Apenas una semana después, en su primera titularidad, marcó el gol del triunfo ante Deportivo Armenio.
En el "Lila" se reencontró con Leonardo Lemos, actual DT de Los Andes, quien lo afianzó como titular y lo convirtió en una pieza clave del equipo que logró el histórico ascenso a la Primera Nacional. Su recorrido continuó en Gimnasia de Jujuy y San Miguel, donde volvió a festejar un ascenso convirtiendo un penal decisivo en la final ante Douglas Haig.