En abril de 2013, en un contexto regional marcado por la reciente muerte de Hugo Chávez y una elección presidencial ajustada y conflictiva en Venezuela, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner pidió públicamente al gobierno de Barack Obama que reconociera el triunfo de Nicolás Maduro.
A más de una década de aquel episodio, la posición contrasta con la postura que la propia exmandataria adoptó en 2024, cuando puso en duda los resultados difundidos por la justicia venezolana por la falta de actas electorales. Ahora, de todas formas, condenó la ofensiva de Estados Unidos.
Se puede estar a favor, en contra o no importarte el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, pero nadie puede negar que el pasado sábado por la madrugada la administración Trump en EEUU volvió a cruzar un límite que muchos pensábamos que no volvería a ocurrir.
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) January 4, 2026
En el pasado, la…
Las elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013 se realizaron apenas un mes después del fallecimiento de Hugo Chávez. El Consejo Nacional Electoral (CNE) proclamó ganador a Nicolás Maduro con el 50,66% de los votos, frente al 49,07% obtenido por el candidato opositor Henrique Capriles Radonski, una diferencia de poco más de un punto porcentual.
La oposición denunció irregularidades y reclamó una auditoría total de los resultados. En los días posteriores a los comicios se registraron protestas, disturbios y hechos de violencia que dejaron al menos siete muertos, según informaron entonces las autoridades venezolanas.
Estados Unidos evitó en un primer momento reconocer formalmente el resultado electoral y expresó “serias dudas” sobre la transparencia del proceso.
Desde Washington se reclamó un recuento completo de los votos y una auditoría exhaustiva antes de validar el triunfo de Maduro, una postura que fue interpretada por el chavismo y sus aliados regionales como una injerencia política.
Ese posicionamiento generó un fuerte rechazo de varios gobiernos sudamericanos alineados con Caracas, entre ellos el de la Argentina.
En ese contexto, Cristina Kirchner se refirió de manera directa a la situación venezolana durante un acto oficial y defendió la legitimidad del proceso electoral. La entonces presidenta relató los episodios de violencia registrados tras los comicios y respaldó la decisión de Capriles de desactivar una movilización opositora.
“Concretamente quiero referirme a la hermana República Bolivariana de Venezuela. En el día de la fecha ha habido siete muertos. Han sido atacadas sedes del Partido Socialista Unido Venezolano”, afirmó Cristina, citando información recibida por la embajada argentina en Caracas.
Luego de describir los hechos y valorar la decisión del candidato opositor de desistir de una marcha, la entonces mandataria formuló un pedido explícito a Washington: “Me atrevo con mucha humildad a pedirle al Gobierno de los Estados Unidos que reconozca al Gobierno venezolano luego de elecciones transparentes y limpias”.
La declaración se inscribió en la estrategia diplomática de la Argentina de aquel momento, alineada con los gobiernos del llamado eje bolivariano y con una política exterior crítica de la injerencia estadounidense en la región.
Once años después, la posición de Cristina Kirchner frente a los procesos electorales venezolanos mostró un cierto giro. En 2024, ya fuera del poder, la ex presidenta expresó públicamente que no creía en los resultados difundidos por la justicia venezolana en una nueva elección, al señalar la ausencia de actas que respaldaran los números oficiales.
Ese pronunciamiento marcó un contraste con su defensa cerrada del proceso de 2013 y reflejó el cambio de clima político regional, así como el deterioro de la credibilidad institucional del sistema electoral venezolano a lo largo de la última década. De todas formas, ni Cristina ni el kirchnerismo en general pudieron todavía tejer una reconsideración crítica más profunda sobre el devenir del régimen chavista.