La decisión del Gobierno argentino de respaldar la captura de Nicolás Maduro ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas marcó un punto de inflexión en la política exterior del país. Lejos de una postura ambigua o meramente declarativa, la intervención argentina asumió una definición clara en un escenario internacional atravesado por tensiones jurídicas, geopolíticas y humanitarias.
En su exposición ante el máximo órgano de seguridad global, la representación argentina sostuvo que el régimen de Maduro constituye una amenaza para la estabilidad regional. El respaldo al operativo que derivó en su detención no fue presentado como una violación de la soberanía venezolana, sino como una respuesta excepcional frente a un patrón persistente de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
Argentina ancló su posicionamiento en un argumento central: la magnitud del daño humano causado por el chavismo. Durante los años de gobierno de Maduro, Venezuela acumuló 332.617 muertes violentas, 10.185 ejecuciones extrajudiciales, 1.650 casos documentados de tortura, 3.500 desapariciones forzadas, además de más de 2.000 presos políticos y 17.400 detenciones arbitrarias. Estas cifras, relevadas por organismos internacionales y redes de monitoreo independiente, fueron utilizadas para justificar la excepcionalidad del contexto.
Desde esta perspectiva, el apoyo argentino no respondió a una alineación automática con Estados Unidos, sino a una lectura política y jurídica que reconoce límites concretos al principio de no intervención cuando existen crímenes sistemáticos y ausencia de mecanismos internos de rendición de cuentas.
Discurso de nuestro Embajador ante las Naciones Unidas @frantrope en la reunión del Consejo de Seguridad de el día de la fecha.
— Pablo Quirno (@pabloquirno) January 5, 2026
“El Gobierno de la República Argentina valora la decisión y la determinación demostradas por el Presidente de los EEUU y por su gobierno en las… https://t.co/WezlVCNMyb pic.twitter.com/30U7qOVeFI
La postura adoptada por Argentina envía una señal nítida a América Latina. En un continente donde históricamente la defensa de la soberanía fue utilizada para relativizar abusos internos, la posición argentina introduce una redefinición: la legitimidad estatal no puede sostenerse sobre la represión ni la impunidad.
Este movimiento también reposiciona a Argentina en el tablero internacional. El país recupera protagonismo como actor que articula principios democráticos con pragmatismo estratégico, alineándose con democracias occidentales sin renunciar a una narrativa propia basada en derechos humanos.
El Gobierno de la República Argentina valora la decisión y la determinación demostradas por el Presidente de los Estados Unidos de América y por su Gobierno en las recientes acciones adoptadas en Venezuela que derivaron en la captura del dictador Nicolás Maduro, líder del Cartel…
— Pablo Quirno (@pabloquirno) January 3, 2026
El respaldo a la captura de Nicolás Maduro no implica desconocer los riesgos de una escalada regional, pero sí establece un precedente político: frente a regímenes que convierten la violencia en método de gobierno, la comunidad internacional —con Argentina como voz activa— no puede permanecer neutral.