25/02/2026 - Edición Nº1114

Agro

VOCACIÓN Y TRABAJO

“Verlos en paz es misión cumplida”: La emotiva historia detrás del arreo de 133 caballos rescatados

06/01/2026 | Un video que mostró a los animales en absoluta calma fue furor en redes. La historia de ACMA.



La imagen sorprendió tanto por su belleza como por su rareza: más de un centenar de caballos avanzando en silencio, sin apuro ni sobresaltos, durante un arreo de casi 30 kilómetros por caminos rurales bonaerenses.

Eran 133 animales trasladados desde un campo de Castelli hasta la Sociedad Rural local, antes de ser cargados en camiones rumbo a un nuevo predio en Pila. Caballos rescatados del maltrato, muchos con secuelas físicas severas, que sin embargo se movían con una calma que desconcertó incluso a los conocedores del mundo rural.

Detrás de esa postal hubo una urgencia inesperada, una decisión tomada contrarreloj y un trabajo de años que no se ve. Nada de lo que ocurrió ese día fue improvisado.

La escena fue el resultado de 16 años de una tarea silenciosa que encabeza el médico veterinario Ariel Corse, referente de la Asociación Contra el Maltrato Animal (ACMA), una ONG que funciona como auxiliar gratuito de la Justicia y se hace cargo de animales secuestrados en causas penales. A su lado trabajan cerca de 40 personas entre coordinadores y voluntarios.

 “Esa paz no nace ahí”, resume Corse en una larga charla con Newsdigitales.  “Es lo que buscamos durante años. Por eso, cuando los vi así, sentí que todo había valido la pena” graficó, emocionado.

“No es rescatar y soltar”: el riguroso trabajo en ACMA

ACMA nació hace casi 16 años con un objetivo concreto: intervenir cuando el maltrato animal ya ocurrió y nadie más se hace cargo de las consecuencias. La organización recibe caballos secuestrados en causas penales, muchos de ellos en estado crítico, y asume el rol de depositaria judicial mientras los expedientes avanzan.

“No es rescatar y soltar”, explica Corse. “Cuando un fiscal nos deriva un caballo, somos responsables ante la Justicia. Si no informo un peritaje o no cumplo con los cuidados, puedo hasta terminar preso” resumen.

Cada animal cuenta con una historia clínica, un expediente judicial y un seguimiento permanente. “No hablamos en el aire. Todo está documentado”, subraya el veterinario.

En promedio, la entidad atiende y protege a unos 230 equinos por año en sus distintos predios. A ellos se suman patos, ovejas, chivos y perros

La premisa de la organización es clara: no hay rescates simbólicos. Hay compromiso de por vida.

Un trabajo sólido que excede al voluntarismo: hospital, campos y control permanente

El trabajo en ACMA comienza en el hospital veterinario donde los caballos llegan en condiciones extremas: fracturas, mutilaciones, ceguera, quemaduras, enfermedades crónicas.

La sede central funciona históricamente en un predio alquilado de la localidad de Alejandro Korn, en el partido de La Matanza, localidad de la que es oriundo Ariel Corse.  “Estamos rodeados de asentamientos. Hemos tenido intentos de usurpación, robos constantes, amenazas”, relata al graficar la fuerte inversión hecha para contar con seguridad las 24 horas con cámaras de monitoreo, guardias de seguridad y serenos.

“Te roban todo. Caballos, herramientas, alambres. Por eso, para nosotros, sostener un hospital ahí es cada vez más complejo”, explica. Incluso un incendio sufrido en el predio volvió a poner sobre la mesa una discusión de fondo: el futuro no podía seguir atado a contratos frágiles en una zona cada vez más complicada. 

Ese escenario empujó a ACMA a  comprar algunas tierras.  Tras años de alquileres y mudanzas forzadas, la organización logró adquirir un predio de unas 19 hectáreas en Coronel Brandsen, una localidad a 40 minutos de La Plata y con otra realidad territorial.

Allí la organización avanza en la construcción de su base definitiva. “Ese campo es de ellos”, aclara Corse. “La escritura dice Asociación Contra el Maltrato Animal. Los propietarios son los animales” valora.

Allí se proyecta construir la infraestructura necesaria:  galpones, hospital y estructura estable. “La idea es que el día que no estemos más nosotros, esto siga funcionando. Que los caballos no vuelvan a quedar en la calle” sintetizó.

La mudanza y la construcción avanzan de manera gradual, sostenidas exclusivamente con donaciones de ciudadanos que se identifican con el trabajo de la ONG, dado que la entidad no acepta subsidios de la política: “No es que no me lo han ofrecido. Nunca lo agarramos porque en general, la política no solo contamina  todo, sino que siempre tiene un interés distinto atrás, que no perseguimos nosotros.  Yo soy veterinario y trabajo de forma particular, todos los directivos de la ONG tienen sus trabajos particulares. Nadie vive de esto” advirtió.

“Lejos podríamos hipotecar nuestro espíritu de recibir algo de la política o que los municipios te quieran entregar los caballos para sacarse una foto y decir que tomaron medidas contra el maltrato animal o contra la tracción a sangre. Después el municipio se va, te dejó de apoyar y vos te quedaste con 400 caballos que no sabes cómo mantenerlo porque te sacaron el pan. Eso pasa” señaló.

El rol que no cumple el Estado pese a la ley

ACMA funciona como auxiliar gratuito de la Justicia en causas de maltrato animal. “La ley existe, pero el Estado no se hace cargo de los animales”, plantea Corse. La ONG cubre ese vacío con donaciones y trabajo voluntario.

El único reclamo histórico es el de la tierra propia, para evitar traslados forzados y contratos frágiles. “Si hay un espacio del Estado que esté en desuso, cédanselo a la ONG para que desarrolle su actividad y deje de gastar el dinero que gasta, y se deje de tener esta incertidumbre cada dos o tres años de haber arreglado un contrato de quedar en la calle con estos animales que estén sufriendo todo el tiempo” expresó.

 “No queremos plata. Queremos estabilidad para ellos” insistió. Luego de muchos años de ser desoídos, se dieron recientemente las primeras conversaciones con las autoridades de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (ABBE).

“Es la primera vez en tantos gobiernos que pasaron que me recepcionan. Todavía no hemos podido llegar a nada, hay algunos campos o fragmentos que podrían llegar a ofrecer, pero tiene que coincidir la distancia. No podemos tener un campo a mil kilómetros, porque cualquier eventualidad con el personal, los animales, circunstancias climáticas” explicó el médico veterinario.

Un lugar en el interior como refugio que  dejó de ser seguro

A lo largo de la historia de ACMA, los caballos curados vivieron en los denominados “santuarios”, predios para que los equinos disfruten de la libertad de la naturaleza pero sin perder los controles sanitarios.

“Estuvimos durante 10 años en la localidad de Baradero, en un campo que fue el paraíso para nosotros. Pero desde el minuto 1 siempre estuvo en venta, 10 años después se vendió y tuvimos que rumbear hacia Castelli porque no se consiguen campos para alquilar. Esto es histórico y menos hay lugar para caballos” comentó el médico veterinario.

Durante los últimos dos años, 133 equinos que fueron curados vivieron en un campo alquilado en Castelli, en el centro-este bonaerense. “Derivamos en Castelli, donde la modalidad de estos caballos es libertad absoluta con control del personal del campo ante una eventualidad de un accidente y nosotros rutinariamente yendo a verlos. En mi caso que soy el veterinario, iba dos veces al año o tres hacer lo que es la sanidad, desparasitar, vacunar y hacer controles de anemia” recordó.

Pero las condiciones cambiaron de manera abrupta: falta de mantenimiento, caminos intransitables, restricciones para el ingreso del personal de confianza: “Nos encontramos con la novedad,  60 días antes de fin de año, de reubicar 133 caballos que difícilmente se puedan ubicar porque no había campos.

“No estaban las garantías mínimas para los caballos”, señaló Corse al dar los fundamentos por los que se fueron del predio. Con un alquiler millonario y sin posibilidad de operar con normalidad, la decisión fue levantar todo de manera urgente.

Arrear para poder salir y llegar al nuevo destino

Al momento de planificar el traslado, los camiones no podían ingresar al campo. El único camino posible fue el arreo. Cinco arrieros experimentados, todos de confianza, y una salida de madrugada para evitar el calor.

Fueron casi 30 kilómetros hasta la Sociedad Rural de Castelli. Sin gritos, sin violencia, sin apuro. Los caballos llegaron tranquilos, incluso aquellos con lesiones antiguas en sus patas.

Para la tarea, fue clave la experiencia del cuidador Hugo Ferrer, lugareño de Castelli: “Nos cuida a los caballos actualmente también. Fue impecable y los caballos llegaron ni siquiera sin sudar” valoró Ariel Corse.

“Muchos de esos animales estuvieron al borde de la muerte alguna vez”, recordó “Verlos llegar así fue algo muy fuerte” afirmó.

Educación, comunidad y una ética que no se negocia

Además del trabajo con animales, ACMA capacita fuerzas policiales y judiciales, recibe estudiantes universitarios y abre sus puertas a organizaciones sociales. Todo, de manera gratuita.

“Vienen miles de personas en las visitas donde se instruye, se habla de lo que es la ley, el maltrato, lo que es la empatía hacia los animales. La Fundación Pupi – del exjugador Javier Zanetti- vino cinco veces. Chicos con capacidades diferentes, minoridad, madres adolescentes, chicos adictos. Ese el rol que tenemos con la sociedad, aparte de lo que netamente son los animales” ponderó el directivo de la ONG.

La Asociación también tomó decisiones impopulares: no promover adopciones masivas y garantizar que los caballos vivan y mueran bajo su cuidado. “Las estadísticas nos mostraron que era la única forma responsable”, explica Corse.

“En una época se dieron caballos en adopción, con un trabajo arduo, lleno de documentación y papeles y demostró a lo largo del tiempo no ser una salida. Todos nuestros animales tienen microchip. Entonces, nos pasó que en 16 años habremos dado unos 50 caballos en adopción y fueron devueltos más de la mitad. Entonces, todo ese trabajo que hicimos, no inclinó la balanza” consideró.

Y completó: “Si vos haces adopciones flexibilizadas eso se traduce en que nunca más vas a saber el destino de esos animales. Y muchos de esos caballos, a la larga, volvieron a un carro, o fueron vendidos a un frigorífico, o están trabajando. Porque esa perdona que se lo lleva capaz es piola pero se le complican las cosas y se lo da a un vecino y ese se lo pasa al otro que lo vende o lo cambia para una moto, y todo termina mal” remarcó.

No hay épica, hay constancia: “Es una emoción que te invade”

Cuando Ariel Corse recuerda la imagen de aquel día en que los caballos fueron trasladados hasta Pila la emoción lo invade.  No habla de logística ni de kilómetros. Habla de miradas. De caballos que avanzaban tranquilos mientras todo alrededor era tensión e incertidumbre.

Es una emoción que te invade y que te hace temblar de verdad y mirá que uno es firme porque soy un tipo muy que va para adelante siempre. Pero bueno en eso ves la lucha que llevaste durante tantos años y en esas miradas tranquilas que todo el esfuerzo y todo lo que pasaste en definitiva valió la pena porque era eso lo que queríamos y para eso trabajamos. Yo siempre digo que ellos – los caballos- son nuestros patrones y yo verlos felices es misión cumplida para mí” destacó.

La escena, que llegó a las pantallas de los canales de televisión, se convirtió en una metáfora que condensa largos años de trabajo: “Es maravilloso cómo colaboraban esos caballos, cómo venían tranquilos, cómo nosotros con todos esos nervios, con toda esa tensión al ver la mirada de ellos te calman, te hacen llorar y te resetean completo. Es realmente lo que lo que vale y por lo cual uno hace todo lo que hace.

“En ese momento entendí por qué hacemos esto” sintentizó Ariel Corse  “Ellos son nuestros patrones. Verlos en paz es misión cumplida”. La imagen duró unas horas. El trabajo que la hizo posible lleva 16 años.