El gobierno de Maximiliano Pullaro cerró el ejercicio fiscal 2025 de Santa Fe con un equilibrio ajustado, casi quirúrgico. Los números oficiales muestran un empate técnico entre recursos y gastos, suficiente para sostener una premisa política central del mandatario: no depender de los auxilios discrecionales del gobierno de Javier Milei.
Según el Ministerio de Economía provincial, los recursos rondaron los $11,79 billones, mientras que los gastos quedaron apenas por debajo. En la Casa Gris lo definen como un “equilibrio muy finito”, que obliga a administrar cada decisión con impacto político. La solidez fiscal, más que un objetivo económico, es leída como una herramienta de autonomía frente a la Nación.
Uno de los puntos más sensibles es Ingresos Brutos, que explica más del 85% de la recaudación impositiva provincial y sostiene buena parte del gasto salarial. Cualquier intento de avanzar sobre ese tributo -como impulsa el Poder Ejecutivo Nacional- pondría en riesgo el equilibrio y empujaría a Santa Fe a negociar desde una posición de debilidad.
La tensión con la Casa Rosada también se expresa en los fondos previsionales y en la decisión de Pullaro de mantener USD 800 millones en Wall Street, resistiendo la presión del ministro Luis “Toto” Caputo para que esos dólares ingresen al país. En Santa Fe lo explican sin rodeos: el equilibrio fiscal es la barrera que hoy le permite al gobernador esquivar el “mangazo” libertario y sostener margen propio en la disputa política con Milei.
En el actual esquema de poder, el equilibrio fiscal dejó de ser una meta técnica para convertirse en un activo político. Gobernadores con cuentas ordenadas logran esquivar la presión financiera de la Casa Rosada y sostener autonomía frente al gobierno de Javier Milei, que utiliza los recursos nacionales como herramienta de disciplinamiento. Pullaro juega esa partida con margen mínimo, pero consciente del costo de perderlo.