09/01/2026 - Edición Nº1067

Internacionales

Venezuela

Premio Nobel de la Paz 2025: el costo político para María Corina en Washington

06/01/2026 | Cómo el premio de María Corina Machado terminó desalineándola de la Casa Blanca en el momento clave de la transición venezolana.



La obtención del Premio Nobel de la Paz 2025 colocó a María Corina Machado en el centro de la escena internacional. El reconocimiento, otorgado por su trayectoria en la defensa de la democracia venezolana, parecía consolidarla como figura inevitable del escenario pos-Maduro. Sin embargo, el galardón terminó produciendo un efecto inesperado: lejos de fortalecer su posición, la dejó fuera del diseño estratégico de Washington.

La distancia quedó expuesta tras la captura de Nicolás Maduro, cuando Donald Trump optó por no respaldar a Machado como figura central de una transición. La decisión sorprendió a observadores y aliados, sobre todo después de que la dirigente dedicara públicamente el Nobel al mandatario estadounidense, interpretando la intervención como un respaldo a su causa.

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Venezuela es un país de la costa norte de América del Sur con diversos atractivos naturales.

Cuando el símbolo incomoda al poder

En los círculos de la Casa Blanca, el Nobel fue leído menos como un activo político y más como un gesto incómodo. Trump, que durante años expresó su frustración por no haber recibido ese premio, habría percibido la consagración de Machado como una desintonía simbólica en un momento donde buscaba control absoluto del relato. En vez de sumar capital político, el galardón introdujo ruido.

A ello se sumó una evaluación fría del escenario interno venezolano. Para la administración estadounidense, Machado no garantizaba un nivel de control territorial ni una capacidad de gobernabilidad inmediata en un país atravesado por estructuras estatales frágiles y tensiones sociales acumuladas. El Nobel, en ese marco, acentuó su perfil moral pero debilitó su utilidad operativa.

El choque entre legitimidad y pragmatismo

El episodio expone una tensión clásica de la política internacional: la distancia entre legitimidad simbólica y eficacia estratégica. Mientras el Nobel reconoce principios, la Casa Blanca priorizó un esquema de transición contenida, aun si eso implicaba dialogar con figuras del aparato chavista. La elección de la estabilidad por sobre la épica democrática marcó el tono de la decisión.

Machado quedó atrapada en esa grieta. Su capital moral creció fuera de Venezuela, pero su margen de acción se redujo en el único tablero que podía destrabar el proceso. El gesto posterior de ofrecer simbólicamente su Nobel a Trump fue leído más como un intento de recomposición que como una jugada de fuerza.

Más allá del nombre propio

El caso trasciende a María Corina Machado. Revela los límites reales del reconocimiento internacional cuando entra en fricción con los intereses duros de una potencia. También desnuda una lección incómoda para la oposición venezolana: el respaldo externo no se traduce automáticamente en poder interno.

En la Venezuela que se abre tras la caída de Maduro, el Nobel dejó de ser una llave y pasó a ser un espejo. Uno que refleja, con crudeza, que en las transiciones políticas el prestigio moral puede ser celebrado, pero rara vez es suficiente.

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