09/01/2026 - Edición Nº1067

Internacionales

Elecciones

Voto cristiano en Costa Rica: el movimiento silencioso que inquieta a los candidatos

06/01/2026 | En un escenario fragmentado y con alta desconfianza política, la apelación a valores religiosos vuelve a cruzar el debate electoral.



El tramo final del proceso electoral en Costa Rica muestra un clima marcado por la dispersión de candidaturas, la debilidad de los partidos tradicionales y una creciente incertidumbre sobre el comportamiento del electorado. En ese contexto, la referencia al voto cristiano reaparece como un factor de peso simbólico y práctico, no solo por su volumen potencial, sino por su capacidad de actuar como un bloque disciplinado en momentos de definición. La discusión ya no gira únicamente en torno a la fe, sino a su traducción concreta en la arena política.

La centralidad del tema también expone una tensión persistente en la democracia costarricense: cómo conviven la tradición religiosa y un sistema político que busca reafirmar su carácter plural. La mención explícita del voto cristiano en la campaña no es un fenómeno nuevo, pero adquiere mayor relevancia cuando el margen entre candidaturas se reduce y cada segmento organizado del padrón se vuelve estratégico. En ese punto, la religión deja de ser solo identidad cultural para convertirse en variable electoral.

Costa Rica 


Costa Rica es un país centroamericano escarpado y tropical con costas en el Caribe y el Pacífico.

La movilización religiosa en tiempos de incertidumbre

La apelación a valores cristianos aparece asociada a un diagnóstico crítico del presente político. Discursos provenientes del ámbito religioso insisten en la necesidad de frenar la desafección ciudadana, el abstencionismo y la normalización de prácticas que erosionan la institucionalidad. Bajo esa lógica, la participación electoral es presentada como un deber moral, no como una opción ideológica, y el acto de votar se carga de un sentido que trasciende lo partidario.

Este enfoque busca interpelar tanto a católicos como a evangélicos, sectores que no responden de manera homogénea, pero que comparten marcos éticos similares en temas sensibles. La estrategia no apunta a imponer candidaturas, sino a establecer criterios de evaluación política basados en principios generales. En un escenario fragmentado, esa orientación puede favorecer lecturas convergentes del proceso electoral, aun sin una coordinación formal entre iglesias o líderes religiosos.

Límites legales y efectos políticos del mensaje

El protagonismo del discurso religioso también reactiva el debate sobre los límites entre orientación moral y proselitismo. La legislación electoral costarricense establece restricciones claras para la participación directa del clero en campañas, lo que obliga a un delicado equilibrio entre el derecho a la libre expresión y la neutralidad institucional. En la práctica, ese margen estrecho genera interpretaciones divergentes y una vigilancia permanente por parte de actores laicos y autoridades electorales.


El voto cristiano reaparece como factor estratégico en una campaña electoral fragmentada.

Más allá de la controversia jurídica, el impacto político del mensaje religioso depende de su recepción social. En una sociedad cada vez más diversa, la capacidad del voto cristiano para actuar como factor decisivo no es automática, sino contingente. Su influencia se activa cuando logra conectar valores abstractos con preocupaciones concretas de los votantes, como la inseguridad, la corrupción o el deterioro de la confianza pública. En ese cruce, la religión vuelve a ocupar un lugar visible en la definición del rumbo político del país.