08/01/2026 - Edición Nº1066

Internacionales

Tensión externa

Gustavo Petro agita la calle contra Estados Unidos: el objetivo oculto detrás de las marchas

07/01/2026 | La respuesta del Gobierno combina diplomacia, movilización social y discurso soberanista en un contexto de alta polarización política.



El choque entre el presidente Gustavo Petro y la administración estadounidense dejó de ser exclusivamente un episodio de política exterior para proyectarse sobre la escena doméstica. La reacción del Ejecutivo, con llamados a la movilización y un discurso de defensa nacional, apunta a reordenar el debate interno en torno a la soberanía y al rol de Colombia frente a las potencias.

En un país con alta fragmentación política, la estrategia del Gobierno busca construir un marco interpretativo claro: la confrontación no es ideológica, sino nacional. Bajo ese encuadre, el conflicto con Washington se presenta como una amenaza externa que exige cohesión interna, desplazando momentáneamente otros frentes de tensión económica y social.

Colombia 


Colombia, oficialmente la República de Colombia, es un país ubicado principalmente en América del Sur con regiones insulares en América del Norte.

Movilización y control del relato

La convocatoria a marchas en distintas ciudades responde a una lógica de legitimación política. El oficialismo intenta demostrar que su postura frente a Estados Unidos cuenta con respaldo popular, reforzando la idea de que el Gobierno actúa en nombre de una mayoría dispuesta a defender la soberanía frente a presiones externas.

Al mismo tiempo, el uso intensivo del discurso presidencial y de los canales oficiales busca marcar el ritmo del relato público. Petro se posiciona como conductor de una resistencia democrática, mientras coloca a la oposición ante una disyuntiva incómoda: acompañar la defensa institucional o quedar asociada a una potencia extranjera en un momento de alta sensibilidad nacional.

Costos políticos y límites de la estrategia

La apuesta, sin embargo, no está exenta de riesgos. La elevación del tono puede profundizar la polarización interna y generar inquietud en sectores económicos y diplomáticos que privilegian la estabilidad en la relación con Estados Unidos. Para estos actores, el conflicto introduce incertidumbre innecesaria en un vínculo estratégico.

En perspectiva, el Gobierno enfrenta un delicado equilibrio. Sostener una narrativa de firmeza sin escalar hacia un aislamiento político requerirá moderación y resultados tangibles. De lo contrario, la confrontación corre el riesgo de agotarse como recurso discursivo, dejando expuestos los límites de una estrategia basada más en el símbolo que en el desenlace.