23/02/2026 - Edición Nº1112

Opinión


El rol de lo público

Los incendios de Puerto Patriada y los límites de la iniciativa privada

07/01/2026 | Vale la pena discutir los límites del discurso de la “iniciativa privada” como respuesta mágica a todos los problemas.



Puerto Patriada arde desde el lunes y la postal idílica del lago Epuyén se convirtió en un mapa de cenizas. El incendio forestal, desatado en el sector de la “Primera Cantera”, ya destruyó al menos diez viviendas, varios vehículos y obligó a evacuar a más de 700 personas entre residentes y turistas de la villa y de los alrededores de El Hoyo y Lago Puelo. El único camino de acceso se convirtió durante horas en un corredor de fuego: entre 100 y 200 vehículos salieron con tránsito asistido mientras las brigadas intentaban mantener la ruta despejada. La Escuela 223 funciona como centro de evacuados y la columna de humo llegó hasta el Alto Valle rionegrino.

En el terreno trabajan más de 230 personas y seis medios aéreos –aviones hidrantes y helicópteros– junto a bomberos voluntarios de Esquel, Trevelin, El Bolsón y cuarteles de la Comarca. El gobernador Ignacio Torres se instaló en la zona y la provincia declaró la emergencia, mientras el municipio de El Hoyo pide refuerzos al Gobierno nacional y al Ministerio del Interior. La escena es la de siempre en los veranos de la cordillera: brigadistas exhaustos, vecinos autoevacuados, animales muertos, fiestas tradicionales en duda y, esta vez, hasta un accidente fatal en la Ruta 40 protagonizado por un trabajador de un camping que intentaba alejarse del fuego.

Los incendios de Puerto Patriada llegan después de años de sequía, temperaturas inusualmente altas y una expansión urbana y turística que avanzó sobre el bosque sin la misma velocidad en infraestructura, cortafuegos, planes de manejo y controles. Cada verano reproduce el mismo guion: las provincias declaran la emergencia, los intendentes reclaman más aviones y brigadistas, se presentan proyectos para declarar la “emergencia por incendios en la Patagonia” a nivel nacional, como el que impulsó esta semana el senador Martín Soria, pero la inversión estructural en prevención y equipamiento siempre parece llegar un paso atrás del fuego.

En ese contexto, vale la pena discutir los límites del discurso de la “iniciativa privada” como respuesta mágica a todos los problemas. En Puerto Patriada hay vecinos que se organizan, colectivos que hacen colectas, empresas que donan combustible o alimentos y voluntarios que se suman a los bomberos. Todo eso importa y salva vidas en el margen, pero nada de eso despega un avión hidrante, coordina radios, corta rutas o monta un centro de evacuados en una escuela pública en cuestión de horas. Esa infraestructura –la que sostiene la primera línea entre el fuego y las casas– es, en sentido literal, estatal: brigadas forestales provinciales, Parques Nacionales, Servicio Nacional de Manejo del Fuego, hospitales y escuelas convertidos en refugios.

Por eso, el elogio a lo público no es una consigna abstracta, es una escena muy concreta: camiones municipales abriendo paso, personal de Salud atendiendo a evacuados, docentes y auxiliares que abren la escuela de noche, radios oficiales coordinando información, bomberos voluntarios sostenidos por impuestos y subsidios que hace años vienen perdiendo contra la inflación. En el momento de la emergencia, incluso quienes repiten “basta de Estado” llaman al 103, a Defensa Civil o a los bomberos. La pregunta, mirando Puerto Patriada desde mañana, es si vamos a seguir descansando en la épica y del egoísmo privado o si vamos a construir un piso estable de inversión pública –en brigadas, medios aéreos, ordenamiento territorial y control– que le ponga un límite real al fuego y también al espejismo de que la iniciativa privada, sola, puede hacerse cargo de un territorio que se calienta, se seca y arde cada vez más rápido.

Relacionadas
Más Noticias