Elena Placci nació en Río Cuarto, provincia de Córdoba, en 1935 y descubrió la natación competitiva recién tras jubilarse como profesora de inglés. Tres décadas después, cruzó el mundo para competir con una pierna lesionada y regresó con dos medallas de oro bajo el brazo.
Hay momentos en la vida donde el cuerpo pide tregua, pero la mente exige avanzar. Elena estaba en una pileta olímpica de Singapur, a 16.000 kilómetros de su Córdoba natal, con 90 años a cuestas y una pierna que le ardía de dolor por una lesión reciente.
El sentido común sugiere cautela, pero el instinto competitivo, ese que forjó durante décadas en el silencio de las piletas, le dictó otra cosa: "Tenés que dejar de pensar en eso y pensar en la carrera".
Se lanzó al agua y tras una brazada tras otra, al tocar la pared final, se había convertido en campeona mundial. En el marco del World Aquatics Masters Championships, Elena Placci escribió una de las páginas más inspiradoras del deporte amateur argentino, cosechando dos medallas de oro (en 100 y 200 metros libres) y tres diplomas de cuarto puesto (en 50 metros espalda, 50 metros crol y 100 metros espalda).

La historia de Elena no es la de una atleta precoz. Nacida en Río Cuarto el 22 de octubre de 1935, su vida transcurrió entre pizarrones y tizas como profesora de inglés en diversos colegios de Córdoba capital.
El punto de inflexión llegó en 1999. Con la jubilación y el calendario en blanco, surgió la pregunta inevitable: "¿Y ahora qué hago?". La respuesta la llevó a la pileta del Círculo de la Fuerza Aérea. Allí, un entrenador fue honesto y directo: "Tenés que pulir los estilos. Vos nunca aprendiste con profesor".
Lejos de ofenderse, Elena aceptó el desafío con la humildad de quien sabe que siempre se puede aprender. Entrenó técnica, corrigió vicios y, a los pocos meses, recibió el visto bueno para sumarse al equipo Máster. Pasó de nadar como hobby a entrenar seis veces por semana. "Ahí arranqué en serio. Y no paré más", recuerda.