El gobierno de Javier Milei todavía no resolvió cómo administrar a los dirigentes del PRO que incorporó a su esquema de poder, y mucho menos qué rol definitivo tendrá Patricia Bullrich, atrapada entre la gestión, la interna libertaria y una reforma laboral empantanada. A diferencia de otros momentos, ya nadie menciona a Victoria Villarruel como figura con proyección electoral: su decisión de correrse del juego duro terminó licuando su peso político dentro y fuera del oficialismo.
La principal incógnita pasa hoy por la provincia de Buenos Aires, donde La Libertad Avanza se prepara para disputar la “madre de todas las batallas”. En ese tablero aparecen nombres como Sebastián Pareja, Diego Santilli, Diego Valenzuela y otros actores en evaluación, mientras se debate si la estrategia será en alianza con Mauricio Macri o con un esquema de hegemonía violeta y un PRO reducido a un rol testimonial.
En paralelo, sigue latente la tensión entre Las Fuerzas del Cielo, alineadas con Santiago Caputo, y el armado territorial que conduce Karina Milei junto a los Menem y Pareja. Por ahora, el conflicto se expresa en choques discursivos y disputas de poder soterradas, pero nadie descarta que se vuelva más visible cuando se acerquen las definiciones electorales.
La cosecha de acuerdos con el PRO es escasa. Diego Valenzuela sigue orbitando la gestión nacional sin confirmaciones concretas, Santilli paga un costoso derecho de piso y Cristian Ritondo quedó prácticamente marginado del esquema libertario, pese a haber sido funcional en votaciones clave. En el mismo limbo aparece Guillermo Montenegro, que pasó de ser una figura ministeriable a un senador bonaerense sin rol claro.
Mientras tanto, Macri mantiene todas las opciones abiertas pero sin definir una estrategia. No busca un segundo tiempo personal, sino recuperar capacidad de conducción, aunque sin un plan claro para evitar un nuevo traspié electoral. Milei, en cambio, apuesta a su vínculo con Donald Trump, a la debilidad de la oposición peronista y a un escenario económico aún ambiguo, donde conviven estabilidad financiera y malestar social.
En ese contexto, Bullrich intenta destrabar una reforma laboral que abrió frentes con las provincias y expuso límites políticos dentro del propio oficialismo. La Libertad Avanza retiene buena parte del electorado del PRO y del radicalismo, pero enfrenta un desafío clave: en 2025 ya no podrá agitar el fantasma del kirchnerismo, y enfrente tendrá a un Axel Kicillof más dogmático y estatista que la figura que lo llevó al poder.