La ciudad de Berlín comenzó a recuperar la normalidad luego de atravesar el apagón más prolongado desde la Segunda Guerra Mundial, un corte masivo de energía que dejó sin electricidad, calefacción y comunicaciones a decenas de miles de personas en pleno invierno europeo y con temperaturas bajo cero.
El incidente se originó a partir de un incendio provocado en una infraestructura clave de la red eléctrica del suroeste berlinés. El fuego dañó gravemente un ducto de cables de alta tensión ubicado cerca de un canal, lo que obligó a desconectar amplias zonas para evitar riesgos mayores. Como consecuencia, más de 30.000 hogares y miles de comercios quedaron a oscuras durante varios días, con interrupciones también en la telefonía móvil, semáforos y sistemas de transporte.

Las autoridades describieron el proceso de restablecimiento como uno de los más complejos de las últimas décadas. Los trabajos exigieron reemplazar tramos completos de cableado, secar instalaciones afectadas por el agua y realizar reconexiones graduales para no sobrecargar el sistema. En algunos barrios, la electricidad volvió de forma intermitente antes de estabilizarse por completo.
El impacto en la vida cotidiana fue profundo. Escuelas suspendieron clases, hospitales y residencias de adultos mayores funcionaron con generadores de emergencia y numerosos vecinos debieron abandonar temporalmente sus viviendas ante la imposibilidad de calefaccionarse. Comercios perdieron mercadería y muchos servicios digitales quedaron fuera de funcionamiento durante jornadas enteras.

La investigación judicial considera el incendio como un acto deliberado de sabotaje y no descarta motivaciones extremistas. La fiscalía alemana analiza el hecho dentro de las figuras más graves del código penal debido a que afectó infraestructura crítica y puso en riesgo la seguridad de la población. En paralelo, fuerzas de seguridad reforzaron la vigilancia sobre instalaciones energéticas, de transporte y telecomunicaciones en toda la ciudad.
Este episodio reabrió el debate sobre la vulnerabilidad de las grandes urbes europeas frente a ataques a servicios esenciales. Aunque Berlín cuenta con una red moderna, gran parte de su infraestructura subterránea data de décadas atrás y no siempre está diseñada para resistir daños intencionales de esta magnitud. Especialistas advierten que situaciones similares podrían repetirse si no se aceleran inversiones en protección física, redundancia de sistemas y planes de respuesta ante emergencias.
Históricamente, la capital alemana ha sufrido cortes puntuales por tormentas o fallas técnicas, pero nunca uno tan extenso y prolongado en tiempos de paz. Por eso, el apagón ya es considerado un punto de inflexión para la política energética y de seguridad urbana del país.
Con el suministro prácticamente normalizado, el gobierno local anunció auditorías integrales de la red eléctrica y una revisión de los protocolos de protección de infraestructura crítica. Mientras tanto, Berlín intenta dejar atrás días marcados por el frío, la incertidumbre y una pregunta que sigue abierta: cuán preparada está una ciudad moderna para enfrentar ataques que apagan su vida cotidiana.