11/01/2026 - Edición Nº1069

Internacionales

Violencia y creencias extremas

Crímenes al grito de “estaba poseído”: qué une casos en Argentina, Brasil y Colombia

07/01/2026 | Casos de homicidios atribuidos a posesiones demoníacas o rituales satánicos reabren el debate sobre salud mental, fanatismo y responsabilidad penal.



En distintos países de América Latina, algunos crímenes de extrema violencia fueron acompañados por un mismo relato: el autor aseguró haber actuado bajo la influencia del diablo. Aunque se trata de episodios aislados, el patrón narrativo se repite y genera impacto público inmediato. La apelación a fuerzas demoníacas funciona como explicación simbólica, pero también como intento de desplazar la responsabilidad individual en contextos judiciales y mediáticos.

Uno de los casos más recientes ocurrió en Argentina, en la provincia de Misiones, donde un joven fue acusado de asesinar brutalmente a un hombre y afirmó que la víctima “era el diablo”. El episodio, ampliamente difundido por medios nacionales, volvió a instalar la discusión sobre la delgada frontera entre creencias religiosas extremas y cuadros de desorganización mental. La Justicia, sin embargo, evitó validar el relato y avanzó con peritajes psiquiátricos para determinar imputabilidad.

Latinoamérica 


América Latina es la región cultural de las Américas donde se hablan predominantemente las lenguas romances, principalmente el español y el portugués.

Ritualismo y simbolismo extremo

En Colombia, el caso de Tomás Maldonado Cera -conocido como “El Satánico”- expuso otra variante del fenómeno. Sus asesinatos incluyeron marcas corporales y referencias explícitas a símbolos demoníacos. Si bien el acusado no alegó de forma directa haber sido poseído, el uso reiterado de rituales oscuros alimentó una narrativa pública donde el mal sobrenatural ocupó un lugar central. Para los investigadores, sin embargo, el eje estuvo puesto en su perfil criminal y no en la dimensión mística del discurso.

Brasil ofrece uno de los antecedentes más perturbadores. En la ciudad de Altamira, durante las décadas de 1980 y 1990, una serie de asesinatos de niños fue vinculada a supuestos rituales satánicos. Las mutilaciones y el carácter sistemático de los crímenes llevaron a las autoridades a investigar la posible existencia de una red organizada. Con el paso del tiempo, el caso se convirtió en un símbolo de cómo el horror ritualizado puede convivir con profundas falencias institucionales.

Salud mental, fe y responsabilidad penal

En todos estos episodios, la invocación al diablo aparece como un elemento narrativo potente, pero jurídicamente frágil. Los sistemas judiciales de la región coinciden en un punto: las creencias religiosas, por extremas que sean, no eximen automáticamente de responsabilidad penal. Solo los diagnósticos médicos debidamente acreditados pueden modificar la imputabilidad de un acusado.

Más allá del fallo de los tribunales, estos casos revelan una tensión persistente en sociedades atravesadas por la fe, la violencia estructural y la precariedad en el acceso a salud mental. El recurso a lo demoníaco no explica el crimen, pero sí expone una necesidad colectiva de encontrar sentido a actos que desbordan toda lógica racional.