Javier Sanz es uno de los divulgadores históricos más leídos del mundo hispanohablante. Autor, youtuber y creador del blog Historias de la Historia, lleva años demostrando que el pasado no es una lista de fechas y guerras, sino un espacio lleno de decisiones humanas, inventos inesperados y soluciones sorprendentemente actuales.
En sus libros y publicaciones reúne cientos de anécdotas reales, documentadas y contadas con un tono cercano, que revelan cómo muchas de las ideas que hoy consideramos modernas ya existían hace siglos o incluso milenios. Siete de esas historias resumen muy bien su mirada.

Lejos de ser una creación moderna, la jubilación encuentra antecedentes claros en la Antigua Roma. Allí, los soldados que cumplían décadas de servicio al Estado recibían tierras o compensaciones económicas destinadas a garantizar su subsistencia una vez finalizada su vida militar. El principio que guiaba esta práctica era tan sencillo como innovador para su época: reconocer que quienes habían entregado años de servicio público merecían una vejez protegida y digna.

Mucho antes de los sistemas modernos de higiene, algunas monarquías europeas contaban con figuras encargadas de asistir al soberano en su intimidad. En la corte inglesa, el llamado Groom of the Stool era el responsable de ayudar al rey después de sus necesidades fisiológicas.
Lejos de ser un cargo menor, esa cercanía convirtió al puesto en uno de los más influyentes de la corte: compartir momentos tan privados otorgaba acceso directo al monarca y una confianza que muchos nobles ambicionaban. Durante el reinado de Enrique VIII, este rol llegó a ser tan poderoso que provocó disputas internas por ocuparlo.
La protesta laboral más antigua documentada ocurrió en el Antiguo Egipto, alrededor del año 1150 antes de Cristo. Los obreros que trabajaban en la construcción de tumbas reales dejaron de trabajar luego de pasar unos veinte días sin recibir su ración de alimentos, que constituía su forma de pago. Las provisiones habían sido interceptadas por el gobernador de Tebas oriental, lo que desencadenó el reclamo.
No hubo violencia ni enfrentamientos: los trabajadores simplemente se negaron a continuar con sus tareas y permanecieron sentados en señal de protesta. La medida resultó efectiva: el conflicto fue atendido por las autoridades y finalmente las raciones fueron entregadas.

En el siglo I, el ingeniero Herón de Alejandría diseñó un ingenioso mecanismo capaz de dispensar líquidos automáticamente al introducir una moneda. El dispositivo se utilizaba para distribuir agua bendita en los templos, evitando abusos y garantizando que cada persona recibiera una cantidad justa.
El sistema funcionaba mediante el peso de la moneda, que activaba una palanca y abría una válvula por un tiempo preciso. Aunque no vendía comida ni bebidas, el principio era idéntico al de las máquinas modernas: una cantidad exacta liberada por un mecanismo autónomo, sin intervención humana.

La lucha organizada contra los incendios también tuvo uno de sus primeros antecedentes en Roma. Tras un gran incendio ocurrido en el año 6 después de Cristo, el emperador Augusto decidió crear el cuerpo de los Vigiles, considerado el primer cuerpo de bomberos profesionales de la historia.
Esta fuerza estaba integrada por miles de hombres divididos en cohortes que patrullaban la ciudad durante la noche, el momento de mayor riesgo. Para combatir el fuego utilizaban cubos, bombas manuales, sifones de agua y ganchos con los que derribaban edificios y evitaban que las llamas se propagaran.
Además de apagar incendios, los Vigiles cumplían funciones de vigilancia urbana, controlaban disturbios menores y actuaban como una especie de policía nocturna, convirtiéndose en una pieza clave para la seguridad cotidiana de la Roma imperial
En el año 132, en China, el científico Zhang Heng construyó el primer instrumento conocido capaz de detectar terremotos. No se trataba de un aparato para predecir sismos, sino de un ingenioso dispositivo diseñado para identificar su ocurrencia y señalar la dirección del epicentro, incluso cuando el temblor no se percibía en el lugar donde estaba instalado.
El mecanismo consistía en una gran vasija de bronce decorada con ocho dragones orientados según los puntos cardinales, cada uno con una bola en la boca. Cuando se producía un terremoto a cientos de kilómetros de distancia, un sistema interno liberaba la bola del dragón correspondiente, que caía en la boca de un sapo ubicado debajo. De ese modo, las autoridades podían saber hacia qué región había ocurrido el sismo.
Esta invención resultó clave para la administración imperial, ya que permitía enviar ayuda a zonas afectadas por desastres naturales incluso antes de que llegaran noticias oficiales, convirtiéndose en un antecedente fundamental de la sismología moderna.
A fines del siglo XV, fumar también podía llevar a prisión. Durante el primer viaje a América en 1492, el marinero Rodrigo de Jerez y el intérprete Luis de Torres conocieron en el Caribe el hábito indígena de fumar hojas secas.
Ambos adoptaron la costumbre y la llevaron de regreso a Europa, donde Rodrigo de Jerez se convirtió en el primer europeo conocido en fumar. Sin embargo, su práctica generó temor y sospechas entre sus vecinos, que lo veían exhalar humo por la boca y la nariz.
Las autoridades religiosas interpretaron el hábito como una manifestación demoníaca o de brujería, y la Inquisición lo condenó a prisión durante varios años. Paradójicamente, cuando recuperó la libertad, fumar ya comenzaba a extenderse por España y otras partes de Europa.

Las historias que rescata Javier Sanz ponen en evidencia que muchas de las preocupaciones que hoy atraviesan a las sociedades, el trabajo, la salud, la seguridad, la tecnología o incluso los hábitos cotidianos, ya estaban presentes hace siglos. Lejos de ser problemas exclusivamente modernos, forman parte de una experiencia humana que se repite y se adapta con el paso del tiempo.
Contadas con rigor, pero también con curiosidad y cercanía, estas anécdotas rompen con la idea de una historia distante y ajena. Al contrario, revelan un pasado sorprendentemente familiar, en el que ya se ensayaban soluciones, normas y mecanismos que todavía influyen en la vida actual. Así, el recorrido propuesto por Sanz no solo entretiene: invita a mirar el presente con otra perspectiva y a entender que, muchas veces, el futuro se construye sobre ideas mucho más antiguas de lo que imaginamos.