El 8 de enero del año 2000, a pocas semanas de iniciado el gobierno de la Alianza encabezado por Fernando de la Rúa, el entonces secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Rodolfo Daer, concedió una extensa entrevista a Página 12 en la que dejó definiciones políticas, sindicales e ideológicas que no pasaron inadvertidas.
Entre ellas, una comparación que marcaría el recuerdo de aquella conversación: su analogía entre Carlos Menem y Ernesto “Che” Guevara, a quienes definió como “referentes de los pueblos”.
Desde el inicio del reportaje, Daer expuso una visión identitaria del peronismo. “El peronismo es un sentimiento”, afirmó, mientras cuestionó duramente al nuevo oficialismo. A su entender, la Alianza no representaba una alternativa superadora del menemismo: “La Alianza no es una alternativa progresista y superadora al gobierno de Menem, sino que nació como una Alianza contra Menem”.
El dirigente sindical sostuvo que las primeras medidas del nuevo gobierno no mostraban un giro sustantivo: “En materia tributaria, en la respuesta a los pedidos del juez Garzón, en el impuestazo… no veo medidas progresistas. Nada nuevo”. Frente a la acusación de intentar “correr por izquierda” a la Alianza, Daer respondió: “Yo reclamo una agenda progresista”.

Consultado por el discurso anticorrupción del Frepaso, Daer relativizó el eje del debate. “La corrupción no es nueva en el mundo. El que es corrupto que vaya preso”, afirmó, pero advirtió: “Dejemos de hablar de corrupción porque es como anestesiar al pueblo argentino. No quiero un país absolutamente prolijo con la gente muriéndose de hambre”.
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la política laboral. Daer rechazó de plano la reforma impulsada por el Gobierno: “Acá no hace falta ninguna reforma laboral nueva. La que promueven ahora sólo amplía el período de prueba, tal como pidió Teresita Terminassian, del FMI”.
Sostuvo que los conflictos laborales debían resolverse mediante la negociación colectiva y anticipó un escenario negativo: “El desempleo va a ser el talón de Aquiles del actual gobierno” y sentenció: “Así como trabaja el Gobierno, la desocupación no va a bajar”.
Al comparar con la gestión anterior, recordó que durante el menemismo la CGT acompañó una reforma laboral, aunque defendió que se habían preservado espacios de poder sindical: “Se le dio poder a las organizaciones sindicales para hacer frente al poder financiero”.

Daer también se refirió a la situación interna del sindicalismo y defendió el rol de la CGT frente a otras expresiones gremiales. Sobre la CTA, fue tajante: “Eso es malo”, y llamó a sus dirigentes a incorporarse a una CGT “pluralista”.
En uno de los pasajes más duros, cuestionó a sectores del sindicalismo alternativo: “Yo prefiero dirigentes sindicales comprometidos que tengan sueños y utopías y no dirigentes sindicales amarillos que son bosta de paloma, funcionales a los grupos económicos nacionales e internacionales”.
En plena interna justicialista, Daer evitó definiciones explícitas pero dejó señales claras. “Menem deberá asumir la conducción y abrir un debate interno”, sostuvo, y recordó una frase de Juan Domingo Perón para sugerir que el expresidente podría ser revalorizado tras dejar el poder.
Reconoció gestos del menemismo hacia el sindicalismo, como el decreto que devolvió el manejo de las obras sociales: “Fue un buen gesto”. También incluyó a Menem entre los grandes líderes recientes: “Los grandes políticos de la Argentina de los últimos años son Alfonsín y Menem”.
El momento más controvertido de la entrevista llegó sobre el final, cuando Daer fue consultado por su admiración hacia el Che Guevara. “En mi juventud veía al Che como ejemplo de hidalguía”, señaló, y agregó: “Cuando yo viajo por el mundo me preguntan por Maradona, el Che, Menem y Alfonsín”.
Ante la observación de que hablar de ambos no implicaba que fueran comparables, respondió sin matices: “Para mí sí. Son referentes de los pueblos”. Luego profundizó la analogía: “Los argentinos debemos sentirnos orgullosos del Che Guevara. Aunque haya estado confundido es un ejemplo de entrega por el bienestar del pueblo”.
Consultado si Menem podía ser considerado también un ejemplo de entrega, Daer afirmó: “El Che y Menem encararon políticas revolucionarias en dos etapas totalmente distintas de la humanidad”, y explicó que mientras el Che había abrazado ideales de justicia social desde su juventud, “Menem cuando encontró el país en ruinas no dudó en hacer las transformaciones”.