El jugador canadiense de Colombus Blue Jackets, Mathieu Olivier, noqueó de una trompada a su rival de San José Sharks, Ryan Reaves, en un partido correspondiente a la National Hockey League (NHL) de Estados Unidos.
El hielo del SAP Center en San José se tiñó de tensión en cuestión de segundos. No fue por una jugada magistral ni por un gol decisivo, sino por el sonido seco de un puño impactando contra un rostro.
Ryan Reaves, un histórico delantero de los San Jose Sharks y conocido en la liga como uno de los tipos más duros del circuito, cayó desplomado sobre la pista, totalmente noqueado tras recibir un derechazo fulminante de Mathieu Olivier, de los Columbus Blue Jackets.
El incidente, ocurrido tras el descuento de los visitantes anotado por Zach Werenski, no fue un accidente fortuito del juego, sino un combate pactado. Ambos jugadores se miraron, soltaron los palos, se quitaron los guantes y aceptaron el reto en el centro de la pista.
El intercambio fue breve pero brutal: un golpe a la sien dejó a Reaves inmóvil por unos instantes que parecieron eternos, generando preocupación inmediata entre compañeros, árbitros y espectadores.
Apenas es 7 de enero pero ya tenemos candidata a pelea del año en la NHL 😮🔥
— ESPN.com.mx (@ESPNmx) January 7, 2026
Ryan Reaves vs Mathieu Olivier pasará a la historia 💥 pic.twitter.com/0EOgEswa1f
Aunque Reaves logró recuperarse, pasó el protocolo de conmoción cerebral y regresó increíblemente para disputar cinco turnos más en el tercer período, la imagen de su caída ha vuelto a poner sobre la mesa la gran pregunta que muchos se hacen fuera de la burbuja del hockey: ¿Por qué se siguen permitiendo estas peleas en el deporte profesional del siglo XXI?
Para entender este fenómeno, hay que sumergirse en la idiosincrasia de la National Hockey League (NHL). A diferencia de cualquier otro deporte de equipo importante, las peleas no significan una expulsión definitiva del partido, sino una penalización temporal.
Esto se ampara en la histórica Regla 56, vigente desde 1922, que castiga los combates con cinco minutos en el banco de penalizaciones (el famoso "Major Penalty"), permitiendo que los jugadores regresen al hielo una vez cumplido el tiempo.

La defensa de esta práctica se basa en la teoría del "autocontrol". Históricamente, se sostiene que permitir peleas a puño limpio evita males mayores. Gary Bettman, el comisionado de la NHL, ha defendido esta postura en múltiples ocasiones, afirmando que los combates actúan como una válvula de escape que "previene lesiones serias" derivadas de golpes sucios con los palos o cargas malintencionadas a alta velocidad.
En la cultura del hockey, la pelea tiene funciones específicas: