La combinación de altas temperaturas, humedad extrema y la tropicalización del clima trajo un nuevo e incómodo protagonista a la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano: el barigüí.
Conocido popularmente como "mosca negra", este pequeño insecto volador ha dejado de ser exclusivo de las zonas rurales para invadir el AMBA, concentrándose principalmente en áreas cercanas a ríos, arroyos y sitios con agua corriente, donde encuentra el ambiente ideal para reproducirse.
A diferencia del mosquito tradicional, el mecanismo de alimentación del barigüí es mucho más agresivo. Yael Borojovich, especialista de OSPEDYC, explica la diferencia clave. “El barigüí no pica, sino que corta la piel para alimentarse de sangre. Esto provoca un dolor mucho más agudo e irritación inmediata”.
El insecto es especialmente activo durante el día, mostrando sus picos de mayor intensidad durante el amanecer y el atardecer.

El ataque de la mosca negra no pasa desapercibido. Según los especialistas, sus efectos pueden incluir:
Aunque no suele transmitir enfermedades graves, el riesgo principal radica en las infecciones secundarias derivadas del rascado de las heridas.
Combatir al barigüí requiere estrategias distintas a las del mosquito común, ya que los repelentes tradicionales no siempre garantizan una efectividad total.
Priorizar mangas y pantalones largos de colores claros (los colores oscuros los atraen); Barreras físicas: Instalar mosquiteros en aberturas y evitar zonas de agua corriente en horas pico; tratar de antener el entorno limpio y evitar la acumulación de humedad en patios y jardines.