26/02/2026 - Edición Nº1115

Sociedad


Santo popular

Día del Gauchito Gil: por qué se celebra el 8 de enero

08/01/2026 | Miles de fieles se movilizan hacia Mercedes, Corrientes, y distintos puntos del país para rendir homenaje a Antonio Gil. Conocé la leyenda del "Robin Hood correntino" y los actos previstos para esta jornada.



Como ocurre cada 8 de enero, la Argentina se viste de rojo para conmemorar el Día del Gauchito Gil, una de las devociones populares más profundas y extendidas del territorio nacional. Desde las primeras horas de este jueves, una multitud de fieles y caravanas de micros generan largas filas en los accesos a la ciudad de Mercedes, en la provincia de Corrientes, el epicentro de la fe donde se encuentra su santuario principal.

Los devotos llegan desde diversos puntos del país para rendir honor, agradecer favores recibidos y renovar sus pedidos ante la figura de Antonio Mamerto Gil Núñez, en una jornada que combina la espiritualidad con espectáculos culturales y actos religiosos.

Aunque Mercedes es el foco central de la celebración, el fenómeno del Gauchito Gil no conoce fronteras provinciales y se replica con fuerza en todo el noreste argentino. En provincias como Chaco, Formosa y Misiones, se esperan actos masivos que incluyen oraciones colectivas y festivales de música tradicional, reflejando el impacto de un santo que, aunque no es reconocido oficialmente por la Iglesia Católica, habita en el corazón del pueblo.

El escenario de hoy es de pura emoción, con el color rojo dominando los altares y las banderas que flamean en honor al gaucho que se convirtió en leyenda tras su trágica muerte.

La historia de Antonio Gil se remonta a mediados del siglo XIX. Nacido el 12 de agosto de 1847, trabajó como peón rural hasta que su vida cambió al ser reclutado para la Guerra de la Triple Alianza y, posteriormente, para las milicias que enfrentaban a los federales.

Según cuenta la tradición, fue durante estos conflictos que tuvo una revelación mística: el Dios guaraní Ñandeyara se le apareció en sueños advirtiéndole que no debía derramar sangre de sus semejantes. Este mandato lo llevó a desertar del ejército para transformarse en un "justiciero" dedicado a ayudar a los desposeídos, robando a los ricos para asistir a los pobres y curando enfermos, lo que cimentó su fama de protector de los humildes.

Su destino final quedó marcado por la persecución política y militar. Tras ser capturado, fue sentenciado a muerte y trasladado hacia la ciudad de Goya, pero su ejecución se llevó a cabo a pocos kilómetros de Mercedes. Es precisamente en el aniversario de aquel sacrificio que miles de personas se congregan hoy para mantener viva su memoria. Su legado, que mezcla la resistencia social con la fe milagrosa, sigue creciendo año tras año, convirtiendo cada 8 de enero en una de las manifestaciones de cultura popular más importantes de la región.