Miles de agricultores mantienen desde hace semanas bloqueos intermitentes en rutas clave y pasos fronterizos de Grecia, en una de las protestas rurales más intensas de los últimos años. Con tractores atravesados en autopistas y concentraciones frente a edificios públicos, el sector reclama medidas urgentes para enfrentar el aumento de costos, la caída de ingresos y los retrasos en ayudas estatales y europeas.
El detonante inmediato fue el fuerte encarecimiento del combustible, la electricidad y los insumos agrícolas, que redujo drásticamente la rentabilidad de muchas explotaciones, en especial las pequeñas y medianas. A esto se sumaron pagos atrasados de subsidios y compensaciones por daños climáticos y sanitarios, un problema que arrastra antecedentes de mala gestión administrativa y controles reforzados en los últimos años.
Ante la escalada del conflicto, el gobierno griego anunció un paquete de medidas que incluye combustible agrícola más barato, fondos adicionales para el sector y cambios en los mecanismos de indemnización por pérdidas. La intención oficial es aliviar la presión financiera y despejar los bloqueos que afectan el transporte interno, el comercio y la circulación hacia países vecinos.
Sin embargo, los manifestantes consideran que las propuestas son insuficientes. Entre sus principales demandas figuran precios mínimos garantizados para ciertos productos, una reducción más profunda de los costos energéticos y reglas claras que los protejan frente a la competencia de importaciones más baratas. También reclaman certezas sobre el futuro de las ayudas agrícolas europeas y mayor previsibilidad para planificar las próximas campañas.

El trasfondo del conflicto combina factores coyunturales y estructurales. En la última década, la agricultura griega enfrentó sequías más frecuentes, fenómenos meteorológicos extremos y brotes de enfermedades en el ganado, mientras los márgenes se estrecharon por la inflación y la volatilidad de los mercados. Al mismo tiempo, el campo se convirtió en un actor recurrente de protesta cada vez que percibe que las políticas públicas no alcanzan para sostener la actividad.
Mientras continúan las negociaciones, los bloqueos siguen generando tensión política y preocupación económica. El Gobierno busca evitar un deterioro mayor del abastecimiento y del turismo, uno de los motores del país, pero los agricultores advierten que mantendrán la presión hasta obtener respuestas que consideren de fondo y no solo paliativas.